sábado, 19 de abril de 2014

La retórica presidencial frente a la crisis migratoria, en México y Honduras.

Por Fabrizio Suárez

Luego de una década desde la última visita oficial de un presidente mexicano a Honduras, el pasado 2 de abril la ciudad de Comayagua recibió a Enrique Peña Nieto en medio de una fuerte militarización por parte de la recientemente creada policía militar hondureña. La visita se da en el marco de acercamientos diplomáticos que inician con la visita del mandatario hondureño, Juan Orlando Hernández, a su homólogo mexicano a principios de diciembre del año pasado, en la que promocionó el atractivo del país para la inversión mexicana e insistió en la importancia del comercio entre ambos países. El tema tabú, del que nadie parece querer hablar y del que, cuando se hace mención, abundan las frases grandes y retóricas, es el de la migración hondureña en tránsito por México hacia EE.UU.

Breve panorama de la migración a EE.UU.

La emigración centroamericana a Estados Unidos representa una fuerza de trabajo creciente que ha acumulado 633 mil personas, contando solamente registros oficiales. En el 2000 representaban un 4.8% del total de población hispana (1.7 millones), entre las que había 655 mil salvadoreños, 372 mil guatemaltecos y 218 mil hondureños, y para el 2009 esa cantidad había aumentado a casi 3 millones. Frente a esto EE.UU. ha dirigido, a partir de 2010, las acciones de aprehensión, detención y deportación a cuatro grupos de población de manera prioritaria: mexicanos, guatemaltecos, hondureños y salvadoreños; sólo en entre 2006 y 2010, casi el 90% de los migrantes irregulares, no mexicanos, retenidos en la frontera con México, fueron centroamericanos (Rodríguez Chávez, 2011).

Según la misionera scalabriniana Ligia Ruiz Gamba, del millón de hondureños que viven en el extranjero, 850,000 viven en EE.UU., y son los que más contribuyen al alto porcentaje de remesas que en 2007 alcanzó el 26.5% del PIB. Durante el segundo semestre del 2008 el 39% de los migrantes centroamericanos devueltos por autoridades mexicanas eran hondureños (Fonseca, 2012: 17). Lo anterior se da en un contexto de violencia institucionalizada, directamente vinculada al aparato estatal, ya sea bajo la forma de negligencia o de acción represiva. Sólo entre enero de 2008 y abril de 2010, la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, informó que a nivel federal se registraron 141 casos de secuestros a personas migrantes, de los cuales sólo existe un acta circunstanciada, 44 averiguaciones previas, 14 incompetencias, 36 detenidos, 33 consignaciones y 2 sentencias.

Declaraciones días antes del encuentro

A pesar del carácter crítico de estas dinámicas migratorias, días antes de la reunión en Comayagua ninguno de los mandatarios hacía una mención clara y específica sobre el tema; cuando mucho, alguno de los encargados diplomáticos lo enlistaba entre los puntos a tratar, como uno más entre comercio, cultura, turismo, educación, promoción de inversiones. Previo al encuentro la canciller hondureña Mireya Agüero señalaría que la agenda se centraría en cuatro pilares principales: «fortalecimiento del diálogo político, intereses mutuos entre los dos países, cooperación y una que abarca áreas como la inversión, comercio, turismo y cooperación educativa». Fue sólo al referirse a la reforma migratoria en EE.UU. que el presidente hondureño Juan Orlando Hernéndez, tuvo una postura aparentemente enérgica, señalándola como una «obligación moral». Sobre esta reforma es que Hernández deposita la esperanza de una solución al problema, trasladando así las responsabilidades de atender la crisis humanitaria a una clase política altamente polarizada en torno al tema, y que no ha dado ninguna señal clara de llegar a un acuerdo[1]. Por su parte, Peña Nieto no fue más allá de frases retóricas y grandilocuentes, como asegurar que se gobierno “está comprometido con el fortalecimiento de la cooperación en materia de migración, así como en la protección y respeto a los derechos humanos de los migrantes”; o recalcar el compromiso de “dar atención a todo migrante, a todas las personas, mujer, hombre, joven, niño que transita por el territorio nacional”.

Nota completa en:
http://subversiones.org/archivos/23161


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