viernes, 14 de octubre de 2016

La inseguridad, al tope.

 
De: Jesús Cantú.
La madrugada del 30 de septiembre, el país fue sacudido por la muerte de cinco soldados en Culiacán, Sinaloa, en una emboscada que tendieron aproximadamente 60 integrantes de un cártel contra un convoy militar que transportaba a un capo herido a un hospital. El ataque evidenció el poderío de los grupos de la delincuencia organizada, la debilidad del Estado mexicano para garantizar la seguridad –incluso la de sus propias Fuerzas Armadas– y, desde luego, el peligro constante en el que vive la población, pues aunque no hubo víctimas civiles el riesgo existe.

La condenable agresión en la que, además, 17 soldados resultaron heridos, no es un hecho aislado, sino la manifestación más grotesca de la creciente inseguridad que vive el país desde septiembre de 2014. Esta violencia se ha recrudecido en el presente año. Las cifras oficiales revelan esta tendencia: en 2014 se perpetraron 20 mil 10 homicidios dolosos; en 2015, 23 mil 63, y en los primeros siete meses de este año, 12 mil 376; en julio, la cifra llegó a 2 mil 73, la segunda más alta desde agosto de 2012.

Hasta el último día de julio, son escalofriantes los saldos de esta guerra contra el narcotráfico (declarada en diciembre de 2006 por el entonces presidente Felipe Calderón): 197 mil 225 homicidios dolosos (121 mil 923 durante el sexenio calderonista y 75 mil 302 en el de Enrique Peña Nieto (hasta julio de este año), amén de 215 militares abatidos por la delincuencia organizada (158 con Calderón y 57 en el actual), y 82 alcaldes asesinados.

Paralelamente, el índice de letalidad de las Fuerzas Armadas de México es alarmante, y según los expertos puede evidenciar “ejecuciones sumarias” sistemáticas: el Ejército mata a ocho presuntos delincuentes por cada uno que deja herido. La situación es peor en la Marina: un herido por cada 30 muertos, cuando en todas las guerras que se han librado en el mundo desde los años setenta la relación es de un muerto por cada cuatro heridos.

El resultado es obvio: el Índice Global de Paz 2016, indicador elaborado por el Instituto para la Economía y la Paz, ubica a México en el lugar 140 de una lista de 163 países analizados, lo que significa que se encuentra en un “bajo estado de paz”, muy cerca del grupo de naciones con “índices de paz muy bajos”, donde se hallan Siria, Afganistán e Irak, entre otros (Proceso 2075).

Datos publicados por el periódico Reforma indican que los homicidios dolosos cometidos entre enero y julio en cada uno de los últimos cinco años son: en 2012, 12 mil 883; en 2013, 10 mil 980; en 2014, 9 mil 317; en 2015, 9 mil 613, y en 2016, 12 mil 376.

La tendencia a la baja era clara y notoria hasta 2014, pero a finales de dicho año se produjo una inflexión y ahora va hacia arriba. Al analizar los primeros seis meses de este año se ve que en enero hubo mil 551 homicidios –inferior al promedio mensual de este sexenio, que es de mil 711–, pero en julio ya había aumentado a 2 mil 73, que se encuentra por arriba de los 2 mil 32 que se promediaron en la administración de Calderón.

Y, como siempre sucede, junto a los delitos de alto impacto también suben los llamados delitos comunes. El pasado miércoles 5 Reforma difundió que a partir de 2015 se desató “un alarmante incremento de robos” a los camiones de carga en las carreteras mexicanas. De acuerdo con cifras difundidas por la Cámara Nacional del Transporte de Carga (Canacar), el promedio semanal de robos en 2014 fue de 11.8; en 2015, de 20.5, y en lo que va de 2016, de 30. Además, denunció que 95% de los robos eran con violencia y que en 50% de los casos no recuperan ni el tractocamión ni el remolque.

Los expertos consideran que, según las tendencias, este gobierno puede llegar a rebasar la cantidad de homicidios dolosos del sexenio anterior, ya que en lo fundamental permanece invariable la estrategia de combate a la delincuencia organizada: mantener a las Fuerzas Armadas en las calles para enfrentar la violencia delictiva; reforzar la presencia de las agencias federales en los estados donde hay brotes de violencia (lo que volvió a ocurrir, por ejemplo, en la respuesta a la agresión en Sinaloa), y enfocarse en la aprehensión de capos. En este rubro el gobierno presume que ha abatido o encarcelado a 100 de los 122 jefes del narco detectados al inicio del sexenio, pero esto no ha disminuido la inseguridad.

Si los resultados de los primeros dos años de gobierno permitían al presidente y su gabinete de seguridad suponer que iban por el camino correcto, lo sucedido en los últimos dos años muestra que no es así.

Si los acontecimientos de Iguala, donde desaparecieron los 43 normalistas de Ayotzinapa, o los civiles ejecutados en Tlatlaya por los militares muestran los abusos del Estado mexicano y la facilidad con la que recurre a las ejecuciones extrajudiciales, los ataques a las Fuerzas Armadas –como la emboscada en Culiacán y el helicóptero militar derribado en Jalisco el 1 de mayo de 2015– evidencian su vulnerabilidad.

Sin embargo, hasta hoy la respuesta del gobierno mexicano no difiere de la que ha tenido en el pasado: en el caso de los abusos elige proteger a los efectivos hasta niveles de impunidad y aferrarse a “verdades históricas”, y en el de las agresiones, se ha conformado con prometer que va “con todo” contra “las bestias criminales” que perpetraron la emboscada.

Estas acciones se convierten en un círculo vicioso que detona precisamente la escalada de violencia e inseguridad que vive el país desde hace ya casi 10 años, producto del empecinamiento y la terquedad de los últimos dos presidentes mexicanos.

La espiral no parece tener fin y el actual gobierno (como durante seis años lo hizo el anterior) mantiene su política pese a los nefastos resultados, mientras la población mexicana padece las consecuencias de esta infructuosa guerra en la que todos perdemos.
 
Fuente:  http://www.proceso.com.mx/458614/la-inseguridad-al-tope

sábado, 17 de septiembre de 2016

El malestar social amenaza la democracia: Noam Chomsky.

 
Noam Chomsky, uno de los intelectuales estadunidenses más prestigiados en la actualidad, cree que la baja valoración de los políticos a escala mundial no es exclusiva de la cúpula dirigente, sino se extiende a empresas e instituciones como parte de un malestar social general.

La escasa popularidad de los actuales candidatos a la presidencia de Estados Unidos no es algo excepcional, sino forma parte de un gran malestar social que amenaza la democracia”, explicó el lingüista y filósofo, de 87 años, en una entrevista en Cambridge.

Estados Unidos se desarrolló desde una democracia hacia una plutocracia con apéndices democráticos, opinó. Tres cuartas partes de la sociedad se encuentran simplemente subrepresentadas, subrayó.

Respecto del auge actual del candidato republicano Donald Trump, pese a su discurso polémico y agresivo, el autor de Los guardianes de la libertad cree que se fundamenta en gran medida en el desprecio durante décadas a la clase trabajadora: Quienes respaldan a Trump no son los pobres. La mayoría son de la clase trabajadora blanca, que en el periodo del neoliberalismo fue marginada. Ahora estas personas están amargadas y tienen rencor.

El profesor emérito del Massachusetts Institute of Technology (MIT) apuntó como segunda razón un fortalecimiento del populismo y el ultranacionalismo, algo que también se ve en Europa: Hay correlación directa entre el apoyo a populistas autoritarios y los entusiasmados con Trump.

A diferencia de lo sucedido anteriormente, esta vez a los líderes republicanos no les fue posible impedir el protagonismo de un candidato peligroso. Trump es singular. Nunca hubo algo como él en naciones industrializadas occidentales, señaló.

Sin embargo, el proceso se enmarca en una transformación más amplia del sistema político estadunidense, que él ve históricamente como de partido único con dos facciones: republicanos y demócratas. Eso ya no es así. Seguimos siendo un país de partido único, el partido de los negocios, pero ya sólo hay una facción.

De hecho, piensa que quienes apoyaron a Bernie Sanders en la precampaña demócrata podrían formar un nuevo partido, independiente del demócrata, si avanza la transformación del sistema. Sanders se enfrentó desde la izquierda en las elecciones primarias a la actual candidata, Hillary Clinton, pero perdió.

Si tuviéramos un movimiento trabajador activo y luchador, del estilo del que hubo en Estados Unidos en los años 30, probablemente uniría a los seguidores de Trump con los de Sanders, aseveró el lingüista, quien a nivel político se ha definido como anarquista o socialista libertario.

Son muy diferentes en muchas cosas, pero comparten centralmente la misma furia por el ataque a la clase trabajadora blanca y a los pobres. Eso podría ser el comienzo de algo totalmente nuevo, concluyó.
 
Fuente:  http://www.jornada.unam.mx/2016/09/17/mundo/017n1mun

martes, 16 de agosto de 2016

López Obrador, cómplice de la corrupción.

De: Álvaro Delgado.

–Inaceptable, su “amnistía anticipada”

–Ni perdón ni olvido: justicia

Justo cuando la sociedad identifica a Enrique Peña Nieto y a su gobierno con la corrupción voraz, cuyos incesantes escándalos ubican el repudio presidencial arriba de 80%, Andrés Manuel López Obrador garantiza la completa impunidad y aun incita al saqueo.

Porque en eso consiste en los hechos la “amnistía anticipada” que ofreció al “grupo en el poder” en el mensaje que pronunció el jueves 11 en Acapulco, Guerrero, en el ciclo de conferencias “Era Familiar Princess 2016”, en el que participaron también, por separado, Margarita Zavala y Carlos Salinas.


“Les decimos a los integrantes del grupo en el poder que, a pesar del gran daño que le han causado al pueblo y a la nación, no les guardamos ningún rencor y les aseguramos que, ante su posible derrota, en 2018, no habrá represalias o persecución para nadie. Declaramos esta amnistía anticipada, porque lo que se necesita es justicia, no venganza”.

Este pronunciamiento es insólito viniendo de quien ha hecho del repudio a la corrupción y la impunidad sus principales estandartes desde sus orígenes políticos, en el priismo de Tabasco, y quien hace un mes afirmó que no es un “peligro para México”, como desde 2006 lo tacha la derecha, sino “para los corruptos, para los de la mafia del poder, para los que se han dedicado a saquear a México”.

Pero ya no es peligro ni para los corruptos: Lo que ofreció el presidente de Morena es que, de ganar él la Presidencia de la República, no habrá investigaciones ni castigos para quienes desde sus cargos públicos y privados se beneficien ilegalmente de los recursos de la nación hasta el fin del actual periodo sexenal.

De manera que, en los poco más de dos años que restan al sexenio, López Obrador ha dado su aval para que siga el saqueo, al fin que el perdón con que iniciará su hipotético gobierno habrá borrón y cuenta nueva.

La “amnistía anticipada” de López Obrador exige un amplio debate, más allá de las ocurrencias, los memes y las descalificaciones de plano, porque es un asunto de salud pública.

Este mensaje, que considero es de impunidad, no lo emitió en una improvisada entrevista banquetera o en el arrebato de un mitin, sino en una amplia y detallada ponencia –de 18 cuartillas–, como él mismo lo expuso en un mensaje en su página de Facebook, el miércoles 10, justamente en el que explica cómo regaló a sus hijos sus propiedades y por qué no incluyó en su “3de3” sus regalías por libros y conferencias.

Poco después de iniciar su ponencia, un documento de diagnóstico y de propuestas que deberían leer hasta sus adversarios, López Obrador expone:

“Aquí es oportuno volver a responder sobre el trato que recibirán los integrantes de la mafia del poder cuando triunfe nuestro movimiento. Es indispensable contestar puntualmente esta pregunta porque, en nuestra concepción, el principal problema de México es, precisamente, el predominio de un puñado de personajes que detentan el poder, formal o informalmente, y son los responsables de la actual tragedia nacional.

“Y, como es obvio, si estamos empeñados en establecer la democracia y transformar al país, es mejor que desde ahora se sepa qué haríamos con los corruptos y traficantes de influencias, al triunfo de nuestro movimiento. Pero antes quiero reiterar que no todo el que tiene es malvado, que no estamos en contra de quienes con tenacidad y empeño invierten, generan empleos, obtienen ganancias lícitas y se comprometen con el desarrollo de México. Estamos en contra de aquellos que amasan grandes fortunas de la noche a la mañana, apoyados en la ilegalidad, el influyentismo y a la sombra del poder público (…)

Cinco párrafos más adelante, al evocar cómo se impuso en 2006 la “guerra sucia para meter miedo a los empresarios a la población en general”, ofrece a los actuales gobernantes que, “ante su posible derrota, en 2018, no habrá represalias o persecución para nadie”.

Explica: “Declaramos esta amnistía anticipada, porque lo que se necesita es justicia, no venganza. No odiamos a nadie. Sencillamente deseamos lograr el renacimiento económico, social, político, pero, sobre todo, moral de México. Dicho de otra forma, se trata de inaugurar una etapa nueva de la vida pública del país, con un presidente que no esté subordinado a ningún grupo de interés creado y que sólo tenga como amo, al pueblo de México.

“Respetamos a quienes sostienen la máxima de ni perdón ni olvido, pero no la compartimos. Podríamos decir: olvido no, perdón sí. En esta virtud, igual que en la honestidad, reside la esperanza de un mejor porvenir. Si hacemos a un lado el odio y optamos por el perdón, podremos caminar con el emblema de la honestidad hacia una sociedad mejor”.

Es cierto, urge en México una nueva etapa de la vida pública del país para que, efectivamente, el presidente de la República y todos los servidores públicos sólo le sirvan a los mexicanos, pero no puede inaugurarse sobre la base de la impunidad que López Obrador ofrece con el perdón.

Nadie pide odiar ni perseguir sin motivo a quienes ejercen recursos públicos, pero sí investigar las presunciones de robo y sancionar, si es el caso, a quienes son los responsables. Esa es la justicia, pero la “amnistía anticipada” de López Obrador es simple complicidad o coqueteo con un pacto de impunidad al más alto nivel.

Esto se imputaría, sin atenuantes, si los autores de la propuesta hubieran sido Margarita Zavala, Miguel Ángel Mancera, Ricardo Anaya y hasta Jaime Rodríguez El Bronco o cualquier otro identificado con la “mafia del poder”.

Para cualquier jefe de Estado, particularmente en las transiciones a la democracia, lidiar con el pasado es uno de los principales desafíos. ¿La “amnistía” a corruptos es la mejor manera? Yo digo que no.

Apuntes

Tan es cierto que lo propuesto por López Obrador es “borrón y cuenta nueva” que, en su ponencia, plantea: “En forma categórica expreso que cuando triunfe nuestro movimiento no habrá impunidad. Al asumirse el mando del Poder Ejecutivo, se presentará una iniciativa para llevar a cabo una reforma a la Constitución y eliminar los fueros de los altos funcionarios públicos. Entre otras medidas, se va a suprimir la disposición de que el presidente de la República no puede ser sujeto a ninguna pena por el delito de corrupción”…



Fuente: http://www.proceso.com.mx/451090/lopez-obrador-complice-la-corrupcion

viernes, 12 de agosto de 2016

El infierno se mudó a Colima.

 
De: Pedro Zamora Briseño.
Hace ocho años, el estado más violento del país era un dechado de tranquilidad. Hoy, Colima encabeza la lista de homicidios dolosos, es el escenario de una batalla entre el Cártel de Jalisco Nueva Generación y el de Sinaloa, y la violencia ya se desbordó a toda la sociedad. Las estrategias de seguridad –si existen– no han servido de nada, y políticos de primer nivel y sus familiares están señalados de tener vínculos con la delincuencia organizada.

La tarde del pasado 20 de abril, Alma Hernández y su novio, Pedro Navarro –ambos de 21 años de edad–, fueron a comer a un establecimiento del centro comercial Walmart Tecnológico de esta ciudad. Tras finalizar, y cuando ya iban a subirse a la motocicleta del joven, fueron asesinados a balazos en el estacionamiento del lugar.
Alma era estudiante de octavo semestre de la carrera de arquitectura en el Instituto Tecnológico Regional de Colima (ITRC) y Pedro era cobrador de una tienda departamental. Para ganar un dinero extra se habían asociado para instalar un puesto de hotdogs, que colocaron afuera del domicilio de la muchacha, en el municipio conurbado de Villa de Álvarez.
Las hermanas de Alma se enteraron del doble asesinato a través de las redes sociales, cuando vieron fotografías de los cadáveres tirados boca arriba, todavía con el casco puesto. Su madre, una mujer que hace dos años perdió a su esposo y que actualmente se dedica a limpiar casas, supo de la tragedia cuando agentes de la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) fueron por ella para que identificara el cuerpo de su hija.

Pedro y Alma son dos de las 287 víctimas mortales en lo que va de 2016. En menos de una década, esta entidad pasó de ser una de las más seguras del país a ocupar el primer lugar en homicidios dolosos.
Las cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) así lo demuestran: en 2008 Colima ocupó el lugar 25 en ese delito, con una tasa de 5.23 asesinatos por cada 100 mil habitantes. En los primeros sitios estaban Chihuahua (56.19), Sinaloa (41.48), Guerrero (28.13), Baja California (27.47) y Durango (26.41).
La realidad se transformó notablemente en el primer semestre de 2016, cuando Colima rebasó a las entidades antedichas y alcanzó una tasa de 39.01 asesinatos por cada 100 mil habitantes, seguida de lejos por Guerrero (29.32), Sinaloa (17.41), Morelos (14.41), Baja California (14.23) y Chihuahua (13.67).
La cantidad de homicidios dolosos en 2016 ya igualó a la de todo 2012, el año más sangriento de las últimas dos décadas en Colima, según los registros del SNSP.
Durante su campaña, el actual gobernador, José Ignacio Peralta Sánchez, prometió que los colimenses vivirían felices y seguros. Pero desde los primeros meses de su administración –iniciada en febrero pasado– aumentó la inseguridad.

Se ve y se siente… el terror

En el segundo trimestre del año, además, Colima fue la ciudad con el mayor incremento en la percepción de inseguridad pública en todo el país, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (Ensu) realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
Esa medición, aplicada durante junio en 43 urbes mexicanas, mostró que 72.7% de la población colimense se siente insegura, cifra que superó en casi 13 puntos porcentuales a la de marzo pasado. En el mismo lapso, el promedio nacional se mantuvo estable, al pasar de 69.9 a 70%.
Aunque el gobierno de Peralta continúa con la estrategia de su antecesor, Mario Anguiano Moreno, de censurar la información sobre actos violentos –casi nunca se emiten comunicados oficiales en torno a homicidios– no ha podido impedir que trasciendan los hechos delictivos.
Así, los medios locales están llenos de reportes sobre ejecuciones, feminicidios y desaparición de personas, hallazgos de fosas clandestinas y de cuerpos descuartizados. Las notas se multiplican en Tecomán, Manzanillo, Colima, Armería y Cuauhtémoc.
Esta etapa violenta tiene sus antecedentes en octubre de 2015, en las últimas semanas del sexenio de Mario Anguiano. Ese mes se perpetró un atentado contra el exgobernador Fernando Moreno Peña, quien recibió cuatro balazos mientras desayunaba en un restaurante, y sobrevivió.
Ya en enero de este año fue ejecutado un sobrino de Moreno Peña, el abogado Samuel Rodríguez Moreno, quien años atrás había sido representante legal de una empresa de Gerardo Mendoza Chávez, identificado por las autoridades como operador de La Familia Michoacana en Colima y estaba acusado de ser el autor intelectual del asesinato del exgobernador Silverio Cavazos Ceballos, en 2010.
La noche del 6 de julio pasado fue ultimado el empresario Jaime Ernesto Vázquez Montes, delegado de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), cuando circulaba en su vehículo.
Hermano del exgobernador Gustavo Alberto Vázquez Montes –quien en 2005 murió al caer el avión del gobierno estatal en que viajaba–, Jaime Ernesto recibió siete de los 29 balazos de rifle R-15 disparados contra su camioneta desde otro vehículo, que al día siguiente apareció quemado entre Colima y Jalisco.

La razón de la sinrazón

De acuerdo con Eduardo Guerrero Gutiérrez, experto en seguridad de Lantia Consultores, el repunte de la violencia en Jalisco, Colima, Guanajuato, Zacatecas y Aguascalientes se relaciona con la expansión del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG).
Citado por el portal de noticias Sinembargo.mx, el especialista señala que en Colima la crisis se debe principalmente a que el CJNG y el Cártel de Sinaloa rivalizan por el control del puerto de Manzanillo.
Después de comparecer ante el Congreso del estado el 8 de junio anterior, el almirante Eduardo Villa Valenzuela, titular de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) estatal, explicó las razones por las que –a su juicio– se multiplicaron los asesinatos:
“Esto es una guerra irregular en la que no vemos a los homicidas; están confundidos entre nosotros. Entonces vienen las ejecuciones cuando no hay policía, en que no hay procuraduría. Hay grupos delictivos muy fuertes, que vienen de otros estados, y las ejecuciones son entre ellos.”
Para el general José Francisco Gallardo Rodríguez, en Colima quedó evidenciada la incapacidad de las autoridades para enfrentar la violencia y la inseguridad.
En entrevista con Proceso, el militar retirado expone: “Aquí hay un vacío de poder; desde el punto de vista castrense es un territorio utilizado por esos grupos como un teatro de operaciones que les va a permitir disputar sus espacios, sus rutas comerciales, sus mecanismos de distribución”.

–¿Es casualidad que Colima sea un territorio de disputa? –se le pregunta.

–No. Estamos en occidente, un área muy importante geopolíticamente: tenemos el puerto de Manzanillo y el de Lázaro Cárdenas. Ese territorio sirve para extraer minerales, transportar drogas, trata de blancas.

Gallardo resume el problema: “Son reacomodos de estructuras de poder que operan en un estado, de carácter político, económico, social, criminal”.
Hace notar que pese al tiempo transcurrido no se han aclarado los delitos de alto impacto ni se ha informado a la sociedad sobre los móviles: “Podría ser que algunos de esos casos no tengan relación con el crimen organizado, sino con otras cosas; pero cómo podemos saberlo si la autoridad no ha informado con claridad al respecto”.
Desde las primeras semanas de su gubernatura, Peralta ubicó la seguridad como prioridad de su administración, aunque responsabilizó del problema a su antecesor, Mario Anguiano.
El corresponsal pidió una entrevista con el procurador de Justicia, Felipe de Jesús Muñoz Vázquez, para obtener su versión sobre la violencia que sufre Colima, pero no hubo respuesta a la solicitud.
En declaraciones realizadas al noticiero radiofónico Ángel Guardián el 8 de julio pasado, el fiscal deslindó de posibles vínculos con el crimen organizado a Jaime Ernesto Vázquez, quien había sido asesinado horas antes.
Frente a la ola de violencia que a más de cinco meses del inicio de la actual administración estatal no ha sido controlada, el Congreso del estado emitió el 13 de julio anterior un exhorto al mandatario para que sustituya al titular de la SSP, Eduardo Villa Valenzuela, “debido a los pésimos resultados en materia de seguridad”.
Presentado por la diputada panista Martha Leticia Sosa Govea, el punto de acuerdo también instó al jefe del Ejecutivo a definir nuevas políticas y estrategias de seguridad ciudadana.

Aprobado por mayoría, con el voto en contra de la fracción priista, el documento también planteó la comparecencia del procurador y el secretario de Seguridad Pública ante el Congreso.
Para la representante en Colima de la Red Nacional de Abogadas y Abogados por la Defensa de la Reproducción Elegida (Radar 4°), Adriana Ruiz Visfocri, el asesinato de la estudiante Alma Hernández, que no ha sido aclarado, es un caso emblemático porque “desmiente la postura que ha tenido el gobierno de que la violencia es resultado de ajustes de cuentas entre narcos, que es gente de fuera que anda en malos pasos y por eso le ocurre eso.

“Alma era una chica sana, era hija de familia, estudiante aplicada en sus estudios, era un apoyo para su familia y la asesinaron cobardemente.”

El presidente del Comité de Derechos Humanos no Gubernamental, Efraín Naranjo Cortés, urge al gobierno estatal a replantear la estrategia de seguridad, pues desde su punto de vista no se han hecho bien las cosas:

“Estamos ante un panorama muy complicado para todos. Los ciudadanos ya no salimos como lo hacíamos antes. Vemos que a cualquiera le puede suceder lo que le ha pasado a mucha gente: hay cientos de asesinados, desaparecidos y mujeres muertas. Hay miles de delitos y no hay una solución a la vista.”
 
Fuente:  http://www.proceso.com.mx/450594/infierno-se-mudo-a-colima

martes, 9 de agosto de 2016

Cooperativa Tradoc presume su éxito ante "tiburones de las huleras trasnacionales".

 
De: Patricia Muñoz Ríos.
Los obreros sí pueden administrar fábricas y hacerlo con éxito. A 11 años de haber empezado operaciones, luego de un largo conflicto laboral con la empresa Euzkadi, los integrantes de la cooperativa Tradoc (Trabajadores Democráticos de Occidente) han logrado competir y enfrentar el mar de tiburones de las huleras trasnacionales, su planta produce diariamente 19 mil llantas; exporta 60 por ciento de su producción a Estados Unidos; y también vende a Brasil, Argentina y Panamá.

El presidente del consejo de administración de Tradoc –ubicada en El Salto, Jalisco–, Jesús Torres Nuño, señaló en entrevista con La Jornada: Somos el ejemplo viviente de que los trabajadores sí pueden dirigir empresas; que puede haber fábricas sin que exista la relación obrero-patronal; que los directivos de las compañías privadas siempre están hablando de pérdidas y contratos incosteables, para justificar la sobrexplotación de la mano de obra mexicana, cuando sí son posibles los mejores salarios y prestaciones.

En la cooperativa, los salarios promedio son de 20 mil pesos mensuales; los socios tienen altas prestaciones, el sistema de pensiones es mejor que el de Pemex o la CFE”, explica. Añade que ellos tuvieron el apoyo total de la cooperativa Pascual.

Como la solidaridad es un ca­mino de ida y vuelta, ahora res­paldan movimientos como el de Sandak, o el de los empleados de Honda, entre muchos otros, añadió.

En 2005, cuando Tradoc inició operaciones, ningún banco quería financiarlos; los 587 socios fundadores casi empezaron con lo que tenían y con su trabajo, fabricando apenas unos cientos de llantas. Actualmente son mil 350 socios y llevan producidos 30 millones de neumáticos, unos 19 mil diarios.

Costos, utilidades y salarios

Sobre cómo han logrado que crezca la cooperativa, To­rres Nuño explica que han aplicado un esquema de equilibrio entre costos, utilidades y salarios atractivos, superiores al promedio de la industria. Las firmas trasnacionales, en cambio, sacan excesivas utilidades que se llevan del país y pagan sueldos de miseria. Por ello Tradoc ha logrado competir al tú por tú aquí y en el extranjero.

Compañía Hulera Euzkadi fue propiedad de la alemana Continental, la cual cerró su planta en diciembre de 2001 y tras un conflicto laboral, las partes llegaron a un acuerdo en el que la empresa cedió la mitad de la planta por el pago de salarios caídos a 587 trabajadores.

Torres Nuño y abogados de la cooperativa presentan documentos oficiales para responder señalamientos e infundios que ha vertido la Asociación Civil de Ex trabajadores de la Extinta Compañía Hulera Euzkadi, Justicia, Transparencia y Dignidad contra Tradoc. Señalan en primer término que al cierre de la anterior empresa había 970 sindicalizados; sin embargo, 400 aceptaron su liquidación, por lo que perdieron todos sus derechos y son precisamente los que conformaron esta agrupación.

Asimismo hay otros seis ex socios que fueron excluidos de la cooperativa por decisión de la asamblea general, por cargos como deslealtad.

Ambos grupos han pedido al IMSS, al Servicio de Administración Tributaria y a la Secretaría del Trabajo auditorías y revisiones, denunciando irregularidades, que no se comprobaron, ya que la cooperativa ha cumplido puntualmente todas sus obligaciones fiscales y de seguridad social.

Los ex trabajadores incluso presentaron una demanda en 2013 para que les pagara su parte de los bienes que tenía el Sindicato Nacional Revolucionario de Trabajadores de la Compañía Hulera Euzkadi. Sin embargo, la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje resolvió en mayo de 2016 que la susodicha asociación carece de legitimidad legal para hacer este reclamo, y que prevalece el interés jurídico de la totalidad de los miembros de la cooperativa, por encima del particular de la asociación.

Ante ello, Torres Nuño indicó que dichos grupos sólo han repetido acusaciones falsas, cuando en juicios, revisiones y auditorias, se ha demostrado que el proyecto es totalmente legal, legítimo, cumple con sus obligaciones fiscales, y lo mejor, sigue demostrando que los obreros sí pueden ser administradores justos de fábricas y empresas.
 
Fuente:  http://www.jornada.unam.mx/2016/08/08/politica/017n1pol

martes, 2 de agosto de 2016

Los machos conducen al mundo.

De Lydia Cacho.
El vuelo 909 de American Airlines estaba a punto de despegar hace tres días en su ruta Miami-Buenos Aires, Argentina; cuando la pilota anunció la duración del vuelo dio la bienvenida, saludó a su copilota y a las sobrecargos, sucedió lo inesperado: siete pasajeros se levantaron recogieron sus maletines y gritaron que saldrían del avión porque no estaban dispuestos a que dos mujeres pilotearan la aeronave. Los pasajeros que abandonaron del avión provocaron una hora de retraso.

Antes de que algún lector se alebreste por el uso del sustantivo pilota, de acuerdo a la nueva gramática de la lengua española, las profesiones en femenino son correctas: la médica, la abogada, la pilota. Lo que no es correcto, deseable ni admisible es la misoginia como parte del entramado de la discriminación contra las mujeres.

Antes de bajar del avión David, un pasajero que volaba en Westjet dejó una nota escrita para la piloto del avión. “Para el capitán de Westjet: la cabina de pilotos no es lugar apropiado para una mujer. El mayor honor para una mujer es ser madre, no capitana. Nos hacen falta madres no mujeres pilotos. P.D. Desearía que la próxima Westjet me informe si una dama va a pilotear mi avión para que compre boletos en otra línea aérea. En realidad eso (de que una mujer sea piloto) es pura vanidad y no me impresiona. Con respeto y amorosamente, David”.

Todos los días miles de personas justifican y minimizan la discriminación hacia las mujeres y las mandan a “su lugar correcto”: la cocina, la cama, la lavandería, la sección de maternidad, el servicio. Cada vez que alguien señala la discriminación estratégica y la urgente necesidad de que los partidos políticos, las universidades, las Academias (como el Colegio Nacional o la RAE) abran espacios a la paridad (es decir la misma cantidad de hombres y mujeres en puestos de poder e incidencia cultural) alguien sale con la frase “lo que importa no es el género sino la capacidad”.

Lo cierto es que si el mundo fuera dominado por las mujeres y los hombres no pudieran acceder al 50% de los puestos laborales bajo el precepto de que no se les contrata porque no hay hombres lo suficientemente capaces, inteligentes o fuertes para asumir determinados trabajos, ya habríamos enfrentado una guerra sangrienta contra el matriarcado.

Sin embargo a pesar de que las mujeres son responsables del 80% del trabajo cultural y político tras bambalinas, a pesar de que hay brillantes científicas, escritoras, académicas, políticas y estrategas, a ellas se les sigue manteniendo bajo el yugo sexista del falso supuesto que explica que si las mujeres fueran como los hombres tendrían el mismo acceso al poder. Y ¿qué significa eso? Pues simple y llanamente que millones son como los siete que bajaron del avión: están en desacuerdo con las políticas de igualdad y contra toda forma de promoción del acceso igualitario de las mujeres a los puestos otrora considerados exclusivamente masculinos, como si todo en la vida fuera competencia por el poder y no el simple derecho al acceso igualitario a todas las profesiones que integran y representan a las sociedades.

El masculinólogo Miguel Lorente Acosta asegura que la competición del machismo está llena de trampas porque parte de la desigualdad para dar ventaja a los hombres sobre las mujeres y por sobre otros hombres que no representan el machismo; porque está diseñada para vencer y no para ganar.

El machismo se sustenta en derrotar a las y los demás, en excluirles de ciertos espacios, en proteger los principios y valores de un tipo de masculinidad beligerante que cree que dirige, controla, guía y conduce a la humanidad con los principios heteronormativos que considera universales, en los cuales sólo los hombres tienen las virtudes y habilidades para llevar a cabo tareas serias. A los pasajeros del avión como a muchos en tierra les parece genial que sean mujeres aeromozas quienes les atienden, sirvan y estén a cargo de su seguridad, pero jamás quienes les conduzcan a un sitio seguro. La presencia de mujeres en todas las profesiones representa para muchos el riesgo de que otro modelo que no sea el masculino sea posible y se les acaben las excusas para excluir a las mujeres de los espacios de liderazgo y poder.
 
Fuente:  http://aristeguinoticias.com/1807/mexico/los-machos-conducen-al-mundo/

lunes, 25 de julio de 2016

La moral es un árbol que da Moreiras.

 
 De Fabrizio Mejía Madrid.
En breve se cumplirán 20 años de que me demandaron –como diría mi vecino– “por haberle dañado su honor a alguien”. La peripecia contuvo todos los puntos del decálogo de estos casos:

1) Señor recibe un dinero para que redacte unos expedientes judiciales para desprestigiar al EZLN;

2) Señor asegura que se trata de una investigación de campo independiente;

3) Su Charro Negro le dice a una reportera (Proceso 1147) lo que él opina del libro contra el EZLN;

4) Otros destruyen en la prensa el libro contra el EZLN con todo tipo de acusaciones contra Señor;

5) Señor y sus jefes –los que pagaron el dinero y publicaron el libro– demandan a Su Charro Negro y sólo a él y lo hacen desde un despacho que tiene nombre de dinastía borbónica: “Aguilar Zinser, Gómez Mont y Sponda”. ¡Sponda!

6) Su Charro Negro no conoce más abogado que uno ambientalista que estudió con él la primaria y responde con cierta desconfianza ante un Ministerio Público que, mientras le toma su declaración, se está tragando una rebanada de pizza;

7) Señor da dinero al Ministerio Público para que me encarcelen. En este punto dejo de ser Su Charro Negro;

8) Abogado ambientalista me llama con su invaluable conocimiento jurídico: “Si tienes palancas, man’to, pues úsalas”;

9) Por un monero de La Jornada que me ve llorando sin consuelo en las escaleras de mi departamento de alquiler, me entero de que una subprocuradora es mi lectora. El monero aporta otra pieza de sabiduría jurídica: “Igual es chicle y pega”.

10) De nuevo Su Charro Negro la libra de milagro, una madrugada de 1998 en una lúgubre oficina en la colonia Doctores, porque la funcionaria tiene una convicción: “Como abogada, nunca he creído en los delitos de honor”, y una afinidad insospechada: “A veces me río con lo que escribes”.

Me acordé del opresivo episodio –todavía me causa sudoraciones nocturnas– porque leí que el exgobernador de Coahuila –Humberto Moreira– demandó por difamación a Sergio Aguayo. Lo que el columnista y académico en derechos humanos escribió fue que su gobierno “olía a corrupción” y que constituía “un ejemplo de impunidad”. Lo publicó después de que Forbes distinguiera al exgobernador como “uno de los 10 hombres más corruptos de México, 2013” –Bellas Artes debería entregar reconocimientos como “Premio Pedro Páramo al Cacique del año”; “Premio Hermanos Grimm a la Verdad Histórica”, o “Premio Casa Blanca a la creatividad contable”– y que lo detuvieran en España por lavado de dinero. Además de ser el tesorero durante la campaña del actual presidente de la República, Moreira era el hombre fuerte de Coahuila durante la masacre de 300 pobladores de Allende, caso que Aguayo comenzó a investigar desde su puesto en El Colegio de México.

Lo que creo es que hay que tener honor para que alguien te lo dañe. No es, por supuesto, lo que opine uno mismo de su más alta consideración, sino que se trata de algo que se describe como “fama pública” o, más sencillamente, lo que los demás opinen de ti. Una reputación –dicen– se hace durante toda una vida y se pierde en un segundo. Pero eso que es el “honor” es difícil de establecer si no es el de una heroína que no se entrega a su pasión por el “qué dirán”. En el siglo XV español tenía una razón de existir: el honor de una dama equivalía a su virginidad, a no mezclar la sangre azul con la plebeya. Los caballeros se batían en duelo por él: ante el matar o morir, el dicho perdía su prioridad. Se demostraba con ello la disposición a proteger el linaje dinástico, la “hidalguía”, es decir, ser hijo de alguien. Pero en las leyes mexicanas y los juzgados ¡Sponda! las cosas no son tan precisas. Primero porque el “honor” puede ser visto como “virtud” –algo intrínseco al Señor que, de hecho, quiere decir “hombría”– o como “mérito”, es decir, algo tangible que corra riesgo de ser dañado: un reconocimiento, un cargo, un ascenso. La fama, por descontado, es una inmortalidad de segunda mano, pero en esa palabra se mezclan cosas tan distintas como la protección a la privacidad, a la intimidad, a los datos personales o a la inviolabilidad del propio domicilio y hasta la dignidad humana que –para mí– es la mesura ante la certeza del final. La dignidad no es intrínseca a nadie, es sólo la modestia ante la fortuna, buena o mala. No hay dignidad en el alarde ni en la desesperación.

Creo que el único “honor” que debería interesarle a la justicia debería ser el concreto: este Señor vs Su Charro Negro. En el caso de Moreira contra Aguayo debería considerarse que no están en igualdad de circunstancias. Uno es un académico y el otro es un hombre de poder. La reputación de un hombre público que ha sido presidente de su partido, gobernador y delegado del sindicato de los maestros de Elba Esther Gordillo, no debería ser opacada por un artículo de periódico. La etérea reputación tendría que ser medible: el Señor dejó de obtener un beneficio, gracias a que hablaste mal de sus supuestas virtudes. Y ese es el otro problema de que el honor haya emigrado de la señorita de vestidos largos y abanicos a las leyes. El juez toma una denuncia de “calumnia y difamación” sin preocuparse de si los dichos eran ciertos o no. Por extraño que parezca, mi Ministerio Público, mientras masticaba su pizza, me lo dejó claro hace 20 años:

–Lo que yo dictamino es si te lo chingaste; me vale madre si fue con o sin razón –explicó en lenguaje jurídico.

Con el peperoni asomado, sólo se toma en cuenta que el afectado, es decir, Señor que denuncia, diga que sus relaciones sociales o familiares se distorsionaron por culpa del dicho, para que se le dé entrada. Por eso, Moreira dice que Aguayo lo dañó “en sus sentimientos y afectos”, dos asuntos que son de índole privada, tras las puertas de su casa. Lo que debiera ocurrir es que se sopesaran los dos derechos: el de libertad de expresión siempre debería salir adelante, distinguido de la vulneración de la vida íntima. Parecería que el asunto es sencillo: el texto de Aguayo se escribió mientras Señor estaba detenido por lavado de dinero en España. Y, como salió en libertad, podría asumirse que nada de lo que se escribió y caricaturizó en esos días vulneró alguno de sus derechos.

Pero siempre está mi querido Ministerio Público tragando pizza, mi querido abogado instándome a la última instancia de “las palancas” y mi querido destino y libertad en la hamaca de las creencias y apegos literarios de mi querida subprocuradora. La vida azarosa de los ciudadanos en México a la sombra del árbol aquel.
 
Fuente:  http://www.proceso.com.mx/448354/la-moral-arbol-da-moreiras

jueves, 21 de julio de 2016

Ni perdón, ni olvido.

 De José Gil Olmos.
Cuando un presidente pide perdón es para despedirse, no es para disculparse de una falta ética o de conducta, sino porque cometió un error tan grave que no puede seguir manteniéndose en su puesto.

De ahí que en realidad al pedir perdón, Enrique Peña Nieto no fue sincero, pues esta declaración sólo es para aparentar arrepentimiento y forma parte de una estrategia de reparación de daños del PRI rumbo a las elecciones de los próximos dos años.

El presidente Enrique Peña Nieto en realidad no ofreció perdón arrepentido por la equivocación de comprar una casa para su esposa Angélica Rivera que era propiedad del constructor preferido de su gobierno, Armando Hinojosa, al que ha enriquecido con las concesiones de obras públicas.

No, lo que hizo fue iniciar una campaña de recuperación de su propia imagen y para su partido que en las elecciones pasadas recibieron los efectos de la animadversión social en las urnas por los casos de corrupción en su gobierno.


Porque el caso de la llamada “Casa Blanca” no ha sido el único que refleja el tráfico de influencias y la corrupción en su gobierno. Ahí está también su casa en el club de golf de Ixtapan de la Sal; la casa de campo de Luis Videgaray en un resort de golf en Malinalco, Estado de México, también propiedad de Armando Hinojosa ; lo mismo que la casa del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, en la zona residencial de Bosques de las Lomas.

Y más atrás, el saqueo de su mentor Arturo Montiel a las arcas del gobierno del Estado de México que Peña Nieto solapó cuando fue gobernador de esta entidad.

Enrique Peña Nieto no está siendo honesto ni sincero en esta disculpa pública que ofreció al encabezar la promulgación de las leyes anticorrupción. Si en realidad lo fuera, este perdón lo habría emitido hace más de un año cuando estalló el escándalo de la “Casa Blanca” y habría presentado de inmediato su renuncia. Pero no fue así.

Hoy que su imagen es la más alicaída de los últimos tres presidentes, que el PRI pierde elecciones como nunca y que se aproxima la elección presidencial, Peña Nieto ha iniciado una campaña de recuperación de la confianza social y una restructuración de la imagen del gobierno y su partido.

El presidente sabe bien que hoy la sociedad mexicana no está en la condición de perdonar y olvidar, que ya no cree en los discursos fáciles ni en las promesas. La sociedad mexicana ha sido muy lastimada en las últimas décadas por la clase política de todos los colores la cual se ha ido alejando de las necesidades populares para enriquecerse.

Por eso este perdón por una equivocación que le ha costado mucho es falsa de entrada pues las palabras no están acompañadas de hechos, sino que forma parte de un plan de recuperación política dentro del cual no se descarta que vayan a enjuiciar a algunos gobernadores como César Duarte en Chihuahua, Javier Duarte en Veracruz o Roberto Borge en Quintana Roo.

En política nada es casual, sino causal. Por eso la renuncia de Virgilio Andrade de la Secretaría de la Función Pública es parte de esta estrategia de reparación de daños y de protección a los cómplices de solapamiento, pues este funcionario fue quien bloqueó la investigación de la “Casa Blanca” y fue quien dictaminó que no hubo nada irregular ni ilegal.

Muy probable es que en esta estrategia política electoral del gobierno peñista veamos acciones al parecer inusitadas como acuerdos con la SNTE-CNTE, el enjuiciamiento a funcionarios de media legua relacionados con casos como Ayotzinapa, Tlatlaya, Apatzingán y Tanhuato.

Pero nada de esto será un acto de justicia, sino parte de una estrategia de Peña Nieto para que su partido sea el ganador en el 2018.

A eso huele este perdón presidencial. A pura apariencia y ficción política.
 
Fuente:  http://www.proceso.com.mx/447947/ni-perdon-ni-olvido

sábado, 2 de julio de 2016

Pinche gente.

De: Alejandro Páez Varela.

Pues que se joda, esa gente.

Queremos progreso y tenemos con qué pagarlo, ¿cuál es el problema? Queremos minas en Tenochtitlan, Ocampo, Coahuila: que se chingue ese puñado de viejitos chimuelos; ahí que se encargue la minera canadiense First Majestic y que les dé una baba. Queremos los metales de Wirikuta: que los indios pongan sus flores y sus inciensos en sus casas de palo y que suelten las montañas. Queremos el petróleo que queda y el gas por descubrir para nuestros amigos –y para nuestras familias, se entiende–: que se hundan Pemex y CFE y de paso el Seguro Social, las universidades, las pensiones. Queremos gente de progreso, no en las calles, protestando: ¿qué no les bastan los sindicatos que les pusimos desde 1943? ¿Qué no tienen su CTM, su SNTE, su CROC y todas esas?

Queremos un aeropuerto, un pomposo Nuevo Aeropuerto en el centro del país. Pues a darle. Las comunidades son lo de menos; consultarlas no está en la agenda progresista. Simplemente hay que llegar un día con maquinaria pesada y con antimotines, y a cargar con lo que se atraviese. Que se jodan los que no estén de acuerdo. Pinches subversivos, retrógradas, no entienden nada del progreso. Al rato se amansan y ya.

Queremos darle a Grupo Higa una carretera. Es urgente que Armando Hinojosa se hinche (aún más) de dinero. Entonces, que el gobierno del Estado de México se convierta en fuerza de choque para imponerla en el pueblo de Xochicuautla y que se jodan los indígenas otomíes que ocupan las tierras desde tiempos inmemoriales, porque la nueva vía va y listo. A otra cosa. A cerrar el hocico. No se consulta a nadie y para los que protestan hay de dos sopas: las migajas o los cabronazos.

Queremos el agua del pueblo de Coyotepec, que desde 1963 cavó con sus manos los pozos e instaló un Sistema Autónomo y Ciudadano de Agua Potable. Eruviel Ávila, Gobernador del Edomex, necesita esa agua para sus megaproyectos. Entonces a imponer un “referéndum” (con ayuda de un Alcalde panista) y si no se puede disfrazar el robo, y si no se puede con el disfraz de la democracia, a encarcelar a los líderes y a llenar la comunidad de antimotines. Las empresas tienen sed, ¿qué no entienden? Qué saben del progreso, carajo.

Queremos también agua para el proyecto inmobiliario Bosques del Paraíso, de la empresa Merket Construcciones. Urge el agua. ¿Que el pueblo de San Francisco Magú, en el Estado de México, se une para defenderla? En caliente, más de cien granaderos contra los indígenas otomíes. Porque, además, los muy desgraciados se rigen por su propio sistema de usos y costumbres. ¿Cómo que ellos mismos vigilan sus instituciones administrativas, tienen autonomía política, económica y territorial? Eso no es moderno. Eso no es progreso. México no es de los anarquistas: se suspenden los derechos ciudadanos y se sitia el pueblo. ¿El Centro de Derechos Humanos Zeferino Ladrillero dice que agentes atacaron sexualmente a varias mujeres indígenas? Que se jodan las mujeres indígenas y el tal Zeferino Ladrillero. Ahora, que Francisco Nónigo, Delegado Indígena, y Berenice Sánchez, Presidenta Suplente del Consejo de Participación Ciudadana, reciban unos buenos cabronazos.

Queremos progreso para Guerrero. De hecho, hemos llevado el progreso a Guerrero: allí están los miles que trabajan de sirvientes en los hoteles de Acapulco; allí están los campos de amapola, tan chulos de regordetes; allí están los cárteles, floreciendo con lo mejor de nuestras juventudes. Opciones hay, pues, en Guerrero. Entonces, si aparece una bola de muchachos desarrapados, malcomidos y greñudos a tomar camiones para presionar por una mejor educación, pues toda la fuerza del Estado (y del narco). Madrazos. Y si los muchachos no se dejan, balazos. Y si son muchos, a camiones y a desaparecerlos. Que se chinguen las familias: ¿quién les manda a esas madres parir hijos pobres y ser vientre de guerrilleros, subversivos, apestosos, greñudos, malcomidos, desarrapados? Toda la fuerza del Estado para desaparecerlos, y toda la fuerza del Estado para encubrir a los culpables de su desaparición.

Queremos energía eólica en el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca. Para las empresas –por supuesto–, no para los indios. El Instituto de Energía Renovable de Estados Unidos ya dijo que hay calidad de aire nivel 7 en esa zona y se requiere apenas nivel 5. Queremos energía limpia y barata y que se chinguen las comunidades. A despojarlas de sus tierras. A cerrar sus pueblos. A acabar con sus medios de subsistencia, con sus costumbres y sus creencias. De preferencia que no se haga con mucho ruido allí, en esa zona donde los desgraciados son alborotadores. Es mejor comprar líderes. Es mejor comprar autoridades. Es mejor la cartera por delante, porque todo el dinero que se invierta se recuperará, ya verán.

Queremos instalar una presa en Picachos, Sinaloa. Está decidido: pueblos enteros serán hundidos bajo el agua con todo y panteones; con todo y milpa; con sus iglesias y sus plazas y sus escuelas. Que no se hable con esos pueblos y mucho menos con los indígenas ojetes que seguramente, ya se sabe, se opondrán. Y sí, se oponen: Octavio Atilano Román Tirado es la cabeza de esa oposición… hasta el 12 de octubre (vaya fecha) de 2014, cuando un comando lo ejecuta en la cabina de radio desde donde conducía un programa izquierdoso, revoltoso, subversivo. Que se chingue Atilano. Que se chinguen esos pueblos y que la presa se vuelva una realidad. A hundir los pueblos.

Queremos una Reforma Educativa. Es cierto: el país necesita educación. Sobre todo porque el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, hermano del Partido Revolucionario Institucional, ha mamado y mamado y mamado dinero y como consecuencia aparecemos en los peores niveles educativos del mundo. Sobre todo porque educar no ha sido prioritario cuando se obtiene, del magisterio, lo mejor: votos, hermosos votos, extraordinarios votos por miles y miles que eligen diputados, senadores, alcaldes, gobernadores y presidentes. Queremos una Reforma Educativa y entonces, pues a meter líderes disidentes a prisión; a meter ciudadanos y maestros a la cárcel. Madrazos. Cero diálogo. Y si no se dejan, balazos. Bola de pinches subversivos, retrógradas que no entienden nada del progreso. Dos, tres, diez muertos y a ver si le siguen.

Porque para profes, Carlos Hank González. Ese sí era profe. Ni diez mil profes presos o muertos compensan su pérdida.

Carlos Hank González –que satanás lo rodee de vírgenes–, el hombre que en una sola generación se volvió dueño de medio México. “Político pobre es un pobre político”, decía. Qué sabio. Podría ajustarse la frase al infinito: “Político sin ‘casa blanca’ o sin ‘casa Malinalco’ es un pobre diablo”. O “político sin Pemex es un político idiota”. La frase se ajusta. La frase es grande.

Porque para progreso, lo que se dice progreso, allí están los hijos de Atlacomulco. Son la muestra de que los izquierdosos, revoltosos y subversivos no progresan y van por el rumbo equivocado. Allí está el tío favorito, don ex Gobernador Arturo Montiel Rojas. Allí está don Carlos Salinas de Gortari. Allí está don Pedro Aspe Armella. Allí está don Luis Téllez Kuenzler. Allí está don Gerardo Ruiz Esparza. Todos funcionarios o ex funcionarios y/o todos con empresas y contratos con el Gobierno. Es la misma cosa, hombre, empresa o gobierno: es lo mismo porque es de uno.

Allí está don Senador Francisco Labastida, que sí sabe cómo convertir un jodido humedal con especies protegidas en una productiva fábrica de amoniaco. Allí está don Apolinar Mena, que tuvo que renunciar a su cargo por un escándalo de corrupción y ahora dirige el gabinete de don Gobernador Eruviel Ávila. Allí está don Secretario de la Función Pública, Virgilio Andrade, convertido en hombre de Estado por cuidar los intereses de la familia. Allí está don Secretario de Hacienda, Luis Videgaray, y que ni se le pongan a las patadas y ni le pregunten el origen de su fortuna porque les cae una auditoría. Allí está don Carlos Romero Deschamps, ¿qué mejor ejemplo quieren de progreso?: los jeques árabes lo respetan porque sí sabe qué hacer con el dinero ajeno. Allí está don Gobernador de Chihuahua, César Duarte, que sabiamente se hizo de un banco para progresar también: Banco Progreso. Allí está don Roberto Borge, que dejará Auditor para que no le vengan más adelante con que su progreso no es producto de su esfuerzo.

Porque, carajo, pinche gente: qué sabe de progreso. Los subversivos no progresan por eso, por subversivos. Allí está el mismísimo Enrique Peña Nieto, que de burócrata de medio pelo subió a Presidente. Pinche gente revoltosa, me cae. Revoltosa y malagradecida: queremos llevarles progreso y se ponen a las patadas. Por eso se les responde a balazos, ¿de qué otra forma, si no entienden? Por eso se llenan sus plazas de policías. Por eso se les despide, se les humilla, se les ultraja; a ellos y a sus mujeres. Quieren carreteras pero no ponen de su parte: ¿qué tanto es ceder su casa en aras del progreso? Quieren seguridad, pero traen ocupados a los policías dándoles de garrotazos. Quieren agua pero no comparten la que heredaron de sus abuelos y quieren sueldo de maestro, los muy desgraciados, pero no quieren votar por el PRI.

Pinche gente, me cae. Qué sabe esa gente de progreso. ¿Mal humor social? Cuál, hombre. Mal humor el de uno, con esta pinche bola de revoltosos.
 
Fuente:  http://www.sinembargo.mx/27-06-2016/3057487

sábado, 18 de junio de 2016

Atrocidades aceptadas.


De: Denise Dresser.
Ayotzinapa. Tlatlaya. San Fernando. Nombres que recordamos por quienes murieron allí, por quienes desaparecieron allí, por quienes fueron ejecutados allí. Casos conocidos, casos emblemáticos, casos que han aparecido en la prensa nacional e internacional. Pero más allá de ellos hay un país herido. Un país donde según el reporte Atrocidades innegables, elaborado por el Open Society Institute, no sólo hay crímenes constantes. Hay crímenes calificados de “lesa humanidad”. Crímenes cometidos por narcotraficantes pero también por las fuerzas armadas. Nueve años de agresiones a la sociedad civil. Nueve años de dolor. Nueve años que han producido más de 150 mil personas desaparecidas.

Una crisis de naturaleza y magnitud insospechadas e inimaginables hasta ahora que es documentada, publicada, evidenciada. Vía un largo y riguroso proceso de investigación, de entrevistas, de recopilación de datos y cifras. Todo ello para llegar a una conclusión que debería sacudir. Lo que ha ocurrido en México bajo la presidencia de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto merece la atención de la Corte Penal Internacional. Merece que la comunidad internacional inicie investigaciones que tengan consecuencias penales para los involucrados. Porque esos involucrados no sólo son Los Zetas o los cárteles de la droga. Son miembros de las fuerzas de seguridad del Estado –policía y Ejército– cuyo deber es combatir el crimen, no perpetrarlo.

Las atrocidades que cometen y han cometido no son “casos aislados”; son un fenómeno generalizado. A partir de 2007, cuando Calderón declara su guerra y los asesinatos comienzan a aumentar. A crecer. A ocurrir con tanta frecuencia que de 2007 a 2010 México fue el país con la mayor tasa de crecimiento de homicidios dolosos. Entre diciembre de 2006 y finales de 2015, más de 150 mil personas fueron asesinadas intencionalmente. El crimen organizado comenzó a matar más, pero el Estado también, vía el uso indiscriminado de la fuerza, vía las ejecuciones extrajudiciales. Y las cifras oficiales no son confiables, miles de casos siguen sin resolverse; “desapariciones forzadas” no son clasificadas como tales, fosas clandestinas aparecen en estado tras estado. Peor aún: ante las atrocidades innegables la respuesta del Estado mexicano ha sido el silencio. O la pasividad. O el ocultamiento. A febrero de 2015 sólo se habían producido 313 investigaciones federales correspondientes a desapariciones forzadas y sólo 13 condenas. A pesar del involucramiento documentado del Ejército, no fue sino hasta agosto de 2015 cuando se condenó al primer soldado por este delito.

El Estado entonces ha sido cómplice callado de los crímenes de lesa humanidad o no ha actuado para encararlos. Desde el momento en que Calderón envía al Ejército a las calles, las denuncias por maltrato y tortura presentadas ante la CNDH se cuadriplican. La magnitud y las características del maltrato –según el informe devastador– constituyen crímenes de lesa humanidad según el Estatuto de Roma que México suscribió. Son “parte de un ataque generalizado o sistemático contra la población civil y con conocimiento de dicho ataque”, de conformidad con una política de Estado. Fue el Estado. Ha sido el Estado. Es el Estado.


El Estado mexicano que en aras de someter al crimen organizado ha matado a su propia población. El Estado mexicano que ha permitido el uso de una abrumadora fuerza extrajudicial contra la población civil. El Estado mexicano que ha actuado sin una regulación adecuada del uso de la fuerza, sin una determinación de responsabilidades por los abusos resultantes. No por accidente, no como simple “daño colateral”, no como “hechos aislados”. Se trata de una política que persigue a personas vinculadas con el crimen organizado, pero también a civiles acusados sin ningún fundamento. El patrón que Open Society –y las ONG con las que colaboró– revela conductas generalizadas. Revelas actos que no se cometen al azar. Revela actos sistemáticos que deben recaer bajo la jurisprudencia internacional, porque el Estado mexicano jamás va a juzgarse a sí mismo.

Por la retórica de la negación que ha caracterizado tanto a Felipe Calderón como a Enrique Peña Nieto. Por la forma en la que funcionarios de antes y ahora minimizan lo ocurrido. Por la estrategia gubernamental de atacar a funcionarios de las Naciones Unidas o de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos o del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes. Por las promesas hechas una y otra vez que nunca se cumplen. Desde Tlatelolco, desde la Guerra Sucia, el Estado mexicano resta importancia a los crímenes cometidos y va construyendo el andamiaje de la impunidad. Una impunidad que no ceja porque los funcionarios encargados de combatirla no reconocen que existe. No reconoce lo que deberían hacer para terminar con ella. La gobernabilidad se construye precisamente sobre la impunidad.

De allí que el gobierno acepte el uso de la tortura para extraer confesiones y fabricar “evidencias”. De allí que una sucesión de gobiernos proteja al Ejército y a la Marina de investigaciones creíbles sobre su participación en crímenes atroces. Calderón y Peña Nieto promoviendo y permitiendo la militarización de las actividades policiales. Todo ello contribuyendo a que el Estado evada su culpa. Eso explica las obstrucciones procesales, la falta de independencia de los peritos y los procuradores, la aprobación de aparatosas reformas que después se instrumentan tarde y mal. El país necesita ayuda porque quienes lo gobiernan cometen crímenes y no reciben castigo.

La urgencia del involucramiento internacional deviene de lo que no pasa en el país. Lo que no se investiga. Lo que se tapa. Lo que se oculta. Los crímenes que ni siquiera son considerados como tales. Ni el gobierno de Calderón ni el de Peña Nieto han mostrado interés por establecer responsabilidades por las atrocidades cometidas. En lugar de la investigación, prevalece la obstrucción. En lugar de la premura, prevalece la obstaculización. El informe concluye recomendando decisiones difíciles, decisiones valientes. Decisiones como la creación de una entidad de investigación internacional –con sede en México– que tenga el poder de investigar y perseguir crímenes de lesa humanidad y corrupción de manera independiente. Para que así las atrocidades innegables dejen de serlo. Para que las atrocidades aceptadas dejen de serlo. Para que México no viva con la lesa humanidad de hoy, sino con la recuperada humanidad de mañana.



Fuente: http://www.proceso.com.mx/444420/atrocidades-aceptadas