lunes, 13 de octubre de 2014

El alcalde y su esposa bailaban. Afuera había cadáveres.

Nicolás Mendoza Villa lo recordaría meses después por escrito en una notaría de la Ciudad de México. A las seis de la tarde del 31 de mayo de 2013, el ingeniero Arturo Hernández Cardona y él vieron cómo dos sicarios empezaban a cavar la que iba a ser su fosa. Ambos estaban presos en un paraje desconocido de Guerrero. Un día antes, les habían secuestrado, pistola en mano, en la carretera hacia Tuxpan junto a otros compañeros de la Unidad Popular, un movimiento de defensa de los derechos de los campesinos. Durante horas les habían torturado con un látigo de alambre. El peor parado había sido su líder, Hernández Cardona. Ya de noche llegaron al lugar dos hombres bien conocidos. Andaban tranquilos y con una cerveza Barrilito en la mano. Eran el alcalde Iguala, José Luis Abarca Velázquez, y su jefe de policía, Felipe Flórez Vázquez. El regidor, con quien Hernández Cardona había mantenido agrias disputas, la última, dos días antes en su despacho municipal, se adelantó unos pasos y ordenó que torturaran otra vez a su adversario político.

—¡Ya que tanto estás chingando, me voy a dar el gusto de matarte!, gritó el alcalde.

Acto seguido, su jefe de policía levantó al ingeniero del suelo y, siempre según esta versión ante notario, lo arrastró unos diez metros hasta la recién terminada fosa. Ahí, el alcalde de Iguala le disparó primero a la cara, luego al pecho. El cadáver quedó al descubierto, mientras el cielo oscuro de Guerrero se rompía y empezaba a llover. Otros dos dirigentes de Unidad Popular fueron asesinados.

El hombre que asegura haber visto todo esto y pudo escapar para contarlo fue Nicolás Mendoza Villa, chófer del ingeniero asesinado. Mendoza prestó testimonio ante notario, la esposa del ingeniero presentó denuncia, la prensa aireó el caso y algunos conocidos políticos mexicanos exigieron responsabilidades. La Procuraduría respondió acumulando ocho tomos de diligencias. Pero, como tantas veces sucede en México, nada ocurrió. El alcalde de Iguala siguió gobernando como antes, inaugurando centros comerciales y posando alegre con sus camisas ceñidas y desabotonadas hasta la mitad del pecho. Unas fotos almibaradas donde siempre aparece su esposa, María de los Ángeles Pineda Villa. “Desde entonces reina el miedo en Iguala”, afirma Sofía Mendoza Martínez, concejal del PRD y viuda de Hernández Cardona; una de las pocas personas capaces de romper el círculo del terror y acusar al alcalde mucho antes de que se convirtiese en el hombre más buscado de México por la matanza de seis personas y la desaparición de 43 estudiantes de magisterio en un oscuro enfrentamiento con la policía y el narco el 26 de septiembre.

El paradero de Abarca es un misterio. Los investigadores dan por hecho que ha abandonado Iguala y dejado atrás los frutos de una misteriosa escalada social que, desde su puesto familiar de vendedor de sombreros de paja y huaraches (sandalias), le abrió las puertas a un emporio de propiedades y negocios. Desde esta plataforma saltó a la política en 2012 con apoyo de un exsenador del PRD, y pese a su inexperiencia ganó las elecciones de Iguala. La culminación de un sueño. O de una pesadilla. El municipio, de 130.000 habitantes, es la tercera ciudad de Guerrero, histórica cuna de la bandera mexicana y un enclave estratégico para los movimientos del narco.

En su ascenso le acompañó su esposa, una mujer de carácter duro, cuya cercanía dibuja una sombra oscura. Dos de sus hermanos sirvieron a las órdenes del histórico capo Arturo Beltrán Leyva. Pero tuvieron una carrera corta. Ambos fueron ejecutados en 2009 cuando se quisieron separar del llamado Jefe de Jefes. Un tercer hermano, aún vivo y recientemente detenido, penó por narcotráfico y ahora se presume que es uno de lo cabecillas de los Guerreros Unidos, el sanguinario cartel surgido de las cenizas del imperio de Beltrán Leyva y que controla Iguala. Para culminar la trama familiar, la madre ha sido señalada por los servicios de inteligencia como testaferro del narco.

En una tierra con una tasa de homicidios tres veces mayor que la mexicana y 20 veces la española, las palabras de una mujer con estas credenciales eran escuchadas con mucha atención. A medida que pasaban los meses, su participación en los asuntos políticos, según admiten dirigentes del PRD, fue cada vez mayor, hasta el punto de que ya pensaba postularse como candidata a la alcaldía en 2015. Para ello había logrado ser elegida consejera estatal del PRD y dirigía un organismo municipal, el denominado Desarrollo Integral de la Familia (DIF). Nada parecía capaz de frenarla. O eso era lo que se pensaba hasta la noche del 26 de septiembre. Ese viernes tenía que ser un día grande para ella. Presentaba el informe de actividades del DIF en la plaza de las Tres Garantías, en el zócalo de Iguala, un espacio reservado para las grandes ocasiones. Para muchos suponía el pistoletazo de salida de su carrera electoral.

El acto empezaba a las seis de la tarde, justo a la hora en que dos autobuses procedentes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, un semillero de la izquierda radical mexicana, entraban en el municipio. El grupo, formado por estudiantes de magisterio de 18 a 23 años, acudía a la ciudad a recaudar fondos para sus actividades. La policía municipal estaba esperándoles. Sus enfrentamientos con el alcalde y su esposa eran notorios. Ya después del asesinato del ingeniero Hernández Cardona habían atacado el ayuntamiento y señalado al regidor como culpable. Esa tarde, tras dar vueltas por la ciudad, se dirigieron hacia el zócalo.

Un informe del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) avanzado por El Universal señala que la esposa del alcalde pidió al director de la policía municipal, Felipe Flórez Velázquez, que impidiera la llegada de los jóvenes. La orden, cómo no, fue obedecida. No tardó en darse el primer encontronazo entre los agentes y los normalistas. Hubo gritos y algún enfrentamiento físico. Lo habitual. Los estudiantes se retiraron hacia la estación de autobuses. Allí se apoderaron de tres vehículos para volver a su escuela. Pero a la salida les esperaban los agentes. Esta vez hubo tiros. Los normalistas se defendieron a pedradas y lograron romper el cerco. El alcalde, informado de la algarada, pidió entonces, según el citado informe, un escarmiento. Fue entonces cuando alguien llamó a la muerte. En sucesivos ataques, la policía, con apoyo de sicarios de Guerreros Unidos, inició una salvaje persecución de los jóvenes. A tiros mataron a dos, a otro lo desollaron vivo y le vaciaron las cuencas de los ojos. Tres personas más, entre ellos un chico de 15 años, murieron a balazos al confundir sicarios y agentes un autobús que transportaba a futbolistas de Tercera División con normalistas. Y otros 43 estudiantes fueron secuestrados por los policías y supuestamente entregados a una fracción ultraviolenta de Guerreros Unidos llamada Los Peques. El pánico se apoderó de Iguala. Bares y comercios cerraron sus puertas. Pero de todo ello, el alcalde y su esposa, según su propio testimonio, nada supieron. Ellos acudieron a una fiesta y bailaron juntos rancheras mientras fuera, en una noche sin apenas luna, la barbarie rugía.

Nadie les creyó. Pero tampoco nadie les detuvo. A los dos días de la matanza, tras pedir licencia del cargo y asegurarse mediante un juez federal de que como aforado no podía ser arrestado hasta nueva orden, Abarca y su esposa se esfumaron. Lo mismo hizo el jefe de la Policía Municipal. México, desde entonces, se ha visto cara a cara con la negrura de 43 desaparecidos y unas fosas repletas de cadáveres. Ellos aún siguen libres. Y el asesinato del ingeniero Hernández Cardona, sin culpable.

De El País.

MI HIJO, EL NORMALISTA.


Imagina que tienes un hijo, si ya lo tienes, imagínate quitándote el pan de la boca, trabajando de sol a sol para él. Lo ves crecer con el orgullo de tu sacrificio y lo imaginas un día llegando alto, mucho más de lo que tú pudiste llegar. Sabes que el sufre por no poder estar contigo y tú a la vez sacrificas su presencia con la esperanza de ver coronada la espera cuando algún día lo llamen “maestro”; porque como tú no pudiste estudiar, en la calle te hacen de menos, en los grandes festines tú no tienes lugar, y existen un sinnúmero de cosas a las que jamás tuviste acceso y no quieres lo mismo para él.

Lo has visto partir tantas veces con el estómago vacío, y ha logrado llegar hasta la carrera aun cuando pedaleaba horas en bicicleta para ir a la escuela, cuando se enfermó y no le compraste sus medicinas, cuando se levantaba de madrugada e iba con sus ropas rasgadas en épocas de frío, y se pasaba el año con una sola libreta para todas sus materias; o a qué a veces, cuando te mandaban llamar a su escuela, no podías ir porque no tenías dinero, o no tenías donde dejar a sus hermanitos o no te dio permiso el "patrón" o a la "patrona".

Imagina que en tu casa no hay televisión, ni tienes celular, pero te avisaron que tu hijo está detenido, que paso “algo” y “que se lo llevaron al ministerio público de Iguala”, dejas todo, pides prestados unos centavos y corres con la policía. Nadie te da razón, vas a la escuela, preguntas a otros padres y todos están igual que tú, tienes hambre, ya entro la noche, y nadie parece saber nada. Después de algunos días te enteras que dicen en los noticieros que ya apareció tu hijo; el corazón te da un vuelco, pero dicen los demás que en una “fosa común”, como no entiendes muy bien el español le preguntas al de al lado - ¿qué es eso?- y te responde que es “donde tiran muertos”. No lo crees, no lo entiendes y corres a preguntar sin soltar la foto con su rostro ¿dónde está tu hijo? ¿A dónde lo llevaron? ¿Quién se lo llevo? Un reportero se para y te pregunta, echas a llorar, le cuentas como era tu hijo y le pides ante una cámara que si te está viendo que regrese, que lo extrañas, y no hay respuesta.

Ya llevas días enteros ahí sentado, y cada vez que llega alguien te acercas a ver si hay noticias, no has podido comer, ni piensas en bañarte, no logras hallar descanso ni de noche, ni de día.

Por momentos te sientas a recordarlo, a llorar desconsoladamente y a preguntarte: ¿por qué? ¿Por qué se lo llevaron si a él solo le gustaba jugar futbol? ¿Por qué si el solo quería ayudar a sus hermanos menores? ¿Por qué si solo buscaba un mejor futuro? porque si solo quería ser maestro?

Tu hijo podría ser Yosivani, el menor de 7 hermanos, que salió de la secundaria con un promedio de 9.8 y estudiaba para maestro porque el dinero no alcanzaba para costear otra carrera; o podría ser el “frijolito” que desinteresadamente dono su sangre a un enfermo que ni conocía; o Jorge que hace unos días cumplió años y hablaste por teléfono con él y le prometiste hacerle su comida favorita, el mismo que te cantaba y tocaba la guitarra mientras hacías tortillas.

Imagina a tu hijo caminando lleno de miedo por un camino obscuro, empedrado y solitario y a punto de pistola; imagina que lo hincan y lo hacen a cavar su propia tumba, mientras oye como van matando a sus demás compañeros, sabe que él puede ser el siguiente. Le rompen los huesos, lo rocían con algo que él no sabe que es… y le prenden fuego.

Queman sus sueños. Tus sueños. A tu amado e inocente hijo. Luego lo cubren con ramas y tierra y lo abandonan.

¿Pero sabes qué? afortunadamente esta historia no es la tuya. ¡No eres tú ni es tu hijo! Hoy no te toco a ti, hoy lloran en casa del vecino, pero eso no debería significar que permanezcas impávido, apático, insensible. Las injusticias llegan por todos lados y cuando menos lo esperas te ves envuelto en una de ellas, y será entonces cuando desearas que tu voz gastada tenga eco en los demás que tienen mejor suerte que tú.

Tus condolencias, mis condolecías y los “perdone usted” de la clase política que encubro a los asesinos no sirven de nada, inclusive la propia aplicación de la justicia de poco puede servir cuando se trata de sanar dolores como este, pero al exigirla al menos nos daría la tranquilidad de saber que nos unimos como pueblo, y que sus muertes no fueron del todo en vano.

Tania Cantarell

sábado, 11 de octubre de 2014

Mexicanos en la ciudad de New York: Entre rabia, llantos y unidad.



El llamado general de desesperacion y apoyo de los familiares de Normalistas desaparecidos en Guerrero , tambien se escucho y toco las conciencias y corazones de nosotros los migrantes mexicanos radicados en la gran Manzana NYC, asi como tambien la de de organizaciones locales estadounidenses grupo internacionalista , freedom socialist party , yo soy 132NY y miembros de otros grupos y colectivos independientes . Esta fue una de las mas significativas y concurridas manifestaciones frente al consulado mexicno en la ciudad de nueva york que se haya protagonizado , pidiendo por la la ivestigacion y presentacion con vida de los normalistas de Ayotzinapa secuestrados por el gobiern de Angel Aguirre en Guerrero .
Entre esta comunidad mexicana que radica en Nueva York tambien hace presencia la guerrerense , y entre uno los manifestantes (que vio la actividad en facebook),se encontraba un padre de uno de los desaparecidos y que al ver la foto de su hijo en una de las pancartas que llebaban los compan’eros , rompio el llanto , senal y signo de que el dolor esta al rojo viovo aqui entre nostros y que no necesitamos ir a mexico para vivirlo, sentirlo , percivirlo. Esa es la indignacion y rabia contra el sistema de un gobierno fallido mexicano un NARCOGOBIERNO que se ha descarado y que usa la violencia y el crimen para intimidar a aquel que levanter la voz , para acallar con terror aquel que se organiza. Las sadicas muestras de terror llegan a su maximo nivel , el dosllamiento de un estudiante activista como ejeplo de lo que le puede pasar a aquel que se rebele a las normas establecidas por este descoyuntado gobierno. El condunte grito frente al consulado mexicano extencion de este NARCOGOBIERNO en Ny “desde nueva york a Ayotzinapa…estamos con ustedes “ “you took them alive we want them back alive “ entre otras consigans llenas de repudio e indignacion .
La participacion de los camaradas que alli hablaron concidian en lo mismo , el rechazo a las aciones de la policia en conjunto con sicarios para perpetrar este crimen y en complicidad con los tres niveles de gobierno , federal ,estatal y municipal.l y el apoyo incondicional a los companeros que sufren alla en guerrero si importer raza , religion o inclinacion politica se identificaron unicamente por el sentimiento de justicia con su gran Corazon y conciencia. Tambien los compass de la campana por la libertad de Nestora Salgado el Freedom Socialist Party mostraron silidaridad y asi mismo participaron con la pancarta de Nestora ya que ella es victim del gobierno repressor de Anggel Aguirre y que a concecunacia a estado encarcelada yap or mas de un an’o bajo acusaciones falasas. Cabe senalar que simpatizantes del EZLN tambien acudieron hacienda eco al llamado de los Zapatistas por medio de un comunicado de solidaridad emitido en la semana y firmado por el subcomandante tacho .
El mundo tiene que saber lo que esta pasando en mexico y por e so unos compatriotas decidieron al finalizar la protesta ,dirigirse a Times Square icono mundial del mundo capitalista y punto clave para mandar un mensaje . Alli tambien se hizo eco de los hechos ocurridos en Ayotzinapan cuando turistas curiosos preguntaban What happening?Se respondia con la respuesta siempre es certera y se les informaba de la situacion que atravieza mexico con estos gobiernos y politicos corrompidos y criminales .

Desde este lado y desde abajo hemos entendido y por experiencia que las televisoras regualres TV Azteva,Univision ,Televisa ,Fox, CNN etc. Solo daran a conocer lo que les convien y por ser complices del sistema asi pues para nosotros han dejado de ser el opcion para informar , hemos entendido que nosotros somos hoy por hoy el medio que dice la verdad neta sin sensura , maqullaje sin tapujos , aun que aveces nos enbargue el dolor ,es pore so que invitamos a todo aquel que tenga en su poder una camara fotografica o una computadora para que la use en favor de la causa y mediante ello vierta la verdad de lo que pasa en mexico y use en las redes sociales para ese fin ,solo de esa manera el pueblo de mexico y la comunidad internacional estara verdaderamente informada . hagamos ese periodismo desde abajo en cada Pais , en cada ciudad y Rincon de mexico .
Mexicanos en la ciudad de New York
New york city 9 oct 2014

Iguala, #Ayotzinapa; tormenta política y crisis social en México.

 La cuenta atrás se ha acelerado en México. El descubrimiento de otras cuatro fosas clandestinas en Iguala y las nuevas confesiones de sicarios van despejando las últimas dudas sobre el paradero de los 43 estudiantes normalistas desaparecidos. Todo está listo para estallar. Solo falta la confirmación oficial de que los cadáveres calcinados y enterrados de mala manera en las afueras de la pequeña ciudad de Guerrero pertenecen a los alumnos de magisterio detenidos por la Policía Municipal la noche del 26 al 27 de septiembre tras una salvaje persecución que acabó con seis muertos y 17 heridos. Pocos dudan de este desenlace, pero mientras llega, el país asiste a una oleada de consternación sin precedentes en el mandato del presidente Enrique Peña Nieto.

A las multitudinarias manifestaciones de los padres y compañeros de los estudiantes, amparadas en una fortísima marea de solidaridad, han seguido las exigencias de organizaciones internacionales, entre ella la propia ONU , para que se resuelva con celeridad el caso. Los nubarrones han adquirido un color político oscuro. Intelectuales y empresarios se han sumado al malestar. Y han apuntado al corazón del problema: la incapacidad de las fuerzas de seguridad de domar la violencia, lentas y torpes a la hora de detener a criminales que se permiten secuestrar y hacer desaparecer estudiantes por decenas.

El Gobierno, consciente del terremoto que se avecina, se ha puesto manos a la obra. El pasado lunes el propio Peña Nieto, en un mensaje televisado, se mostró “indignado” por los hechos y anunció que no dejaría el más mínimo resquicio a la impunidad. Acto seguido, envió a la Gendarmería, la nueva fuerza de choque contra el narco, a tomar el control de Iguala. El mismo camino siguió el director de la Agencia de Investigación Criminal, Tomás Zerón, el hombre que capturó a El Chapo Guzmán, el narcotraficante más buscado del planeta. Pero estas medidas no han logrado calmar los ánimos.

El presidente, una figura que en México suele planear por encima de los vendavales cotidianos, ha tenido que insistir otra vez en que los culpables caerán y que nada le torcerá el pulso en su persecución. “Tenemos que ir en profundidad y, paso a paso, llegar hasta los responsables, aquellos que por negligencia o por su actuación permitieron que esto ocurriera y que lamentablemente, de confirmarse, permitieron que perdieran la vida jóvenes estudiantes. Se trata de un hecho verdaderamente inhumano, prácticamente un acto de barbarie, que no puede distinguir a México”, ha declarado Peña Nieto. A sus palabras se han sumado, en rigurosa cadena, las más altas instancias de la seguridad mexicana. Uno tras otro, han intervenido para mostrar el denuedo gubernamental en la resolución del caso.

El volcán, pese a esta movilización oficial, no ha dejado de humear. La onda expansiva generada por la desaparición de los muchachos, de extracción humilde, las imágenes de sus padres destrozados y la cólera de numerosos intelectuales y amplios sectores sociales amenaza con traspasar los diques de contención y alcanzar la fibra más sensible y mimada del Ejecutivo: la economía. Hasta el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, poco dado a tratar sobre cuestiones de seguridad, ha advertido públicamente que cualquier percepción negativa sobre México puede afectar la atracción de capital, el principal empeño de esta Administración.

El escándalo por el secuestro y más que posible asesinato de los normalistas no nace solo, sino que recoge un malestar previo, difuso, pero amplio, del que ya dio aviso la llamada matanza de Tlatlaya. Una operación militar contra el narco, en la que a finales de junio murieron 22 personas. La sangría se presentó a la opinión pública con una inverosímil versión, que sostenía que las muertes habían sido fruto de un enfrentamiento a tiros. El relato fue avalado, pese a sus innumerables contradicciones, por la escala completa de autoridades encargadas de la investigación oficial. Toda esta defensa saltó por los ares cuando, gracias al testimonio de una superviviente, se descubrió que los militares habían matado a sangre fría a 21 de los supuestos narcos. Este brutal episodio de la guerra sucia, aunque fue sancionado con una fulminante reacción presidencial, que condujo al encarcelamiento de los militares implicados, abundó en la erosión que sufren los responsables de la seguridad. A esta desconfianza se ha añadido la raquítica reacción política en el propio estado de Guerrero, gobernado por Ángel Aguirre, un dinosaurio de modos caciquiles durante cuyo mandato el territorio ha caído bajo el imperio del narco, convirtiéndose en el más violento de México. Su resistencia a abandonar el cargo ha aumentado la tensión, enlodado a su propio partido, el PRD (izquierda), y catapultado la sensación de que nada ha cambiado.

En esta olla a presión, las investigaciones avanzan con exasperante lentitud. De momento, la procuraduría ha detenido bajo la acusación de homicidio a 34 personas, entre policías municipales y sicarios (indistinguibles en muchos casos). Pero ninguno de los arrestados dejan de ser más que peones de un juego mayor y oscuro. Los autores intelectuales siguen libres. Tanto el alcalde de Iguala como el jefe de la Policía Municipal están en paradero desconocido. En el caso del regidor, cuyos vínculos familiares con el narcotráfico emergen día a día con más claridad, se ha descubierto, para mayor escándalo, que goza de un blindaje judicial, concedido por un magistrado federal a los dos días de los hechos. Esta salvaguarda reafirma su aforamiento e impide detenerle hasta nueva orden. Tampoco ha caído ningún cabecilla del sanguinario cartel de los Guerreros Unidos, la organización que controla Iguala y cuyos sicarios, en connivencia con la Policía Municipal, dieron muerte, según las confesiones de dos detenidos, a los estudiantes, que simplemente se habían apoderado de tres autobuses y reventado un acto de la esposa del alcalde. Una demostración de poder enloquecida y criminal que aún no ha sido sancionada. La cuenta atrás no ha terminado.
 
De: El País.

viernes, 10 de octubre de 2014

Esta interminable fosa común en la que se ha convertido México.


Nunca vi nada así, se le escucha decir al nervioso policía apostado en la punta del monte, el rifle atento. A unos pasos la tierra cortada; hay seis hoyos bien trazados, son seis fosas* que escondían los fragmentos de 23 cuerpos calcinados. Bajo la arena retirada a golpes de pala se logran ver troncos de árboles chamuscados, ramas marchitas manoseadas por el fuego. Un pedazo de pantalón de mezclilla. Banderines rojos que marcan el terreno y una cinta amarilla desmayada con el rótulo “Escena del crimen”.

“¿Te imaginas todo lo que pensaron mientras llegaban acá?”, suelta una fotógrafa jovencita, la mirada de tristeza. El silencio que se impone.

La identidad de esos cuerpos no está confirmada, pero nadie puede espantar de la mente el testimonio de los dos detenidos que declararon a la Procuraduría General de Justicia de Guerrero que ahí asesinaron y enterraron a 17 de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos; los que fueron arrestados por policías municipales y entregados a sicarios de la narcomafia local Guerreros Unidos.

El pesado silencio queda ahogado por un zumbido: es el concierto de las moscas.

Un reportero local lanza como telegrama los que imagina fueron últimos momentos de los condenados a muerte: “Los obligaron a subir caminando. Los ejecutaron. Pusieron una cama de troncos. Los quemaron. Ahí mismo los enterraron. A ellos mismos les hicieron cavar sus tumbas”.

La fragancia de la muerte impregna el monte. Ese olor cada vez más frecuente en esta interminable fosa común en la que se ha convertido México. El mismo lodo podrido, con mezcla de masa orgánica, que se pisa en Tijuana, en los terrenos regados con ácidos con los que los cadáveres son disueltos. El mismo olor que despiden las fosas donde quisieron ser reducidos a nada los migrantes masacrados en San Fernando, Tamaulipas. El mismo que se hace presente, cada vez con más frecuencia, en episodios que por comunes pasan desapercibidos para la prensa.

Es un olor dulzón y rancio que hace nido en las fosas nasales, asfixia la garganta, se atenaza en el cerebro. No se quita por más que te bañes o recurras a los perfumes. Es un recordatorio que deja el sufrimiento de un ser humano que se niega a ser desaparecido, enterrado a escondidas martirizado.

Una mariposa negra y amarilla aletea al borde del corte de la tierra. Avanza y retrocede. Testigo de primera fila. Centímetros abajo agua de lluvia que al contacto con la tierra se convirtió en un caldo pútrido, un charco estancado, con nata en la superficie que impide cualquier reflejo.

Para subir a las fosas de Iguala hay que salir de esta ciudad –la tercera más importante de Guerrero– y dirigirse a la periferia, donde la ciudad se convierte en campo. Hay que guiarse por un cerro con pelo verde, andar por calles sin pavimento, preguntar por Jardín Pueblo Viejo, luego por la vereda a La Parota.

Derecho por la vereda formada por piedras hay que seguir el camino marcado por las pisadas pioneras. Es un sendero paralelo a un maizal del que se va perdiendo la perspectiva porque a lo largo se extiende una bóveda de ramas y arbustos que hacen pensar en la entrada a una selva.

No hay pérdida si se sigue la vía marcada por los cubrebocas azules colgados de los matorrales, tirados en el piso, aventados en la cuneta, como en una urgencia de quienes querían desprenderse pronto de la peste. Para más referencias se pueden buscar las marcas que dejó en algunos arbustos el enviado de una televisora deseando que nadie se perdiera.

Impresas en el lodo del suelo se notan huellas de distintos tamaños, de botas, de tenis, de huaraches. Son las huellas de la gente que ha subido a ese cerro. Me pregunto si alguna de ellas será de los asesinados, si sabrían que ese iba a ser su destino, que ese es monte sería su cementerio. Pocas, casi ninguna huella van en sentido contrario. Claro, ellos no bajaron. Ellos se quedaron arriba.

Caminar. Subir. El único ruido es el de la propia respiración y la orquesta de insectos. Hasta que se llega al lugar marcado por las moscas, el inconfundible sitio de la muerte. El lugar que condensa el horror de la narcopolítica mexicana. La presentida confirmación de la identidad que nadie desea. ¿Asesinaron aquí a los estudiantes normalistas rapados durante la novatada que les hicieron en su escuela que ni siquiera habían cumplido los 20 años? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Quiénes? ¿Por qué así?

Sólo queda lanzar en silencio un rezo en este espacio de muerte y pedir que (sea quien sea) quien murió aquí encuentre la paz, que sus restos regresen a su casa.

A unos metros del área marcada, en un claro aplanado se ven un montículo formado por ropa, basura, plásticos, cobijas. Es fácil pensar que esa era una guarida de los dueños de estos caminos prohibidos. Donde descansaban porque las masacres implican trabajo.

El camino de regreso a la ciudad lo marca el botadero de bolsas de basura de plástico rojo con signos que indican toxicidad. Y más cubrebocas, decenas de ellas, guantes de látex, botas de plástico, empaques de geles o desinfectantes tiradas a lo largo del camino, como si quienes participaron en las exhumaciones hubieran querido quitarse de encima el horror aferrado en la piel. Como si quisieran dejar atrás la pesadilla.

Un reportero local dice que este horror no es peor que el de las fosas de los 18 turistas michoacanos enterrados en una huerta de coco en Acapulco y exhumados un mes después de sus asesinatos. Su error fue haber viajado juntos a bordo de un autobús que llevaba placas del lugar equivocado, de su estado natal que engendró también un cártel rival a los de Guerrero.

Estos duelen distinto porque las declaraciones apuntan a que aquí quedaron puros estudiantes, los mejores de sus pueblos, los que se inscribieron a la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa porque desafiaron su destino y quisieron ser alguien.

Iguala es tierra fértil para la siembra cadáveres.

Según el Departamento Municipal de Panteones, 76 personas no identificadas han sido enviadas a fosa común del cementerio durante la administración interrumpida del alcalde perredista prófugo José Luis Abarca (quien gobernó dos años).

Los cuerpos de desconocidos provienen de diferentes hallazgos.

En mayo de 2013, en San Miguelito, parte trasera del Cerro de La Parota, fueron desenterradas 33 osamentas. Hace cuatro meses, de camino al municipio vecino de Taxco, en Mezcaltepec, se descubrieron 17 cuerpos (el sexenio pasado encontraron a 55 adentro de un pozo). Ahora la tierra engendró cadáveres en La Parota, ese cementerio clandestino que algunos funcionarios locales dicen que era usado desde hace más de un año para eliminar seres humanos.

Esto ocurre en Iguala, la cuna de la bandera nacional. La ciudad que se ufana de tener el lienzo tricolor más grande del país enarbolada desde uno de sus cerros. Por toda la ciudad se ven bardas ilustradas con episodios de la Independencia que se comenzó a esbozar aquí hace 200 años, aunque al día de hoy la gente vive como esclava, sometida por el crimen organizado que de día impone su ley y en las noches su toque de queda.

Antes de subir a La Parota un reportero local que acudió a la despedida de los policías municipales enviados voluntariamente-a la fuerza a reeducarse en una academia de policía en Tlaxcala me mostró una fotografía que lleva en su celular: tirados sobre el piso se encuentran seis cuerpos inflados, brillosos, tapizados por arena café.

El reportero aseguraba que corresponden a los cuerpos recuperados de esa fosa, que son la prueba de que los exhumados no son los de los normalistas. “No son los estudiantes –afirmaba mientras agrandaba con sus dedos la fotografía en su celular–, estos cuerpos son de adultos, no son de jóvenes. Este cinturón de cuero no es del que usan gente como los normalistas”.

Yo veo bultos inertes. No sé distinguirles la humanidad, salvo por la silueta. No sé qué cinturones usan los estudiantes más pobres de México, los que buscan superarse estudiando la carrera de maestro en una escuela normal.

Más tarde un forense que participó en las exhumaciones corregirá la información sobre esa foto de los cadáveres inflados que se publica en un diario de nota roja.

Asegura que las personas enterradas en La Parota podrían haber sido asesinadas ocho días antes. Los restos recuperados no estaban completos. Estaban podridos. Quemados. Fragmentados.

“Quién hizo esto trató de no dejar huella, fue como una cremación. Sabía. Trataba de borrar rastros”, explicaría el especialista bajo la condición del anonimato.

Según se rumora, la noche que cavaron su propia tumba en La Parota, después de que fueron asesinados una lluvia impidió que esos cadáveres rociados con diesel y prendidos con lumbre quedaran reducidos a cenizas. Como si la naturaleza se hubiera resistido a destruir la evidencia. Como si ella también esperara a que en México algún día se haga justicia.

*Se veían seis fosas. Un día después se supo que en la sexta no se encontraron restos humanos.

lunes, 6 de octubre de 2014

Carta desde el penal, de Nestora Salgado a los compas de #Ayotzinapa.

 
 Mensaje a compañeros de la Normal de Ayotzinapa, Guerrero

Nestora Salgado, CRAC.PC

Jueves, 2 de octubre 2014

Desde el penal de de máxima seguridad en Tepic, Nayarit

Qué tal compañeros, estoy aquí, desde esta prisión, soy Nestora Salgado García.

Mandándoles un saludo muy cordial y, me uno aunque sea con el corazón y el pensamiento a ustedes compañeros de Ayotzinapa por todo lo que paso, pero les quiero pedir que no se desanimen y que al contrario se unan más porque debemos estar unidos en los tiempos difíciles siempre, o sea, muchas veces nos unimos en los tiempos difíciles, pero debemos estar unidos siempre por favor. Por eso es importante compañeros que siempre estemos en constante comunicación por que un día es por unos y al otro día es por otros.

Sabemos perfectamente que el gobierno de Guerrero es muy represor, es un abusivo, en la autoridad la verdad abusan de su poder, el gobernador y todo el gobierno están abusando. Y la prueba bien clara soy yo que han estado abusando aquí conmigo, han abusando lo máximo, lo que más pueden conmigo, hasta para darme aquí un maltrato, yo lo he denunciado, que el gobernador está empeñado en tenerme aquí sabiendo él que soy inocente, y violando la constitución, artículos de la constitución.

Yo no hice las leyes, la ley 701 no la hice yo, más sin embargo no la han respetado, cosa que no hice. Nosotros solamente nos avalamos por la ley, más aparte por el artículo 2 constitucional, pero le voy a pedir a todo el pueblo de Guerrero, jóvenes por favor es la lucha ahora, debemos de alzar nuestra voz ahora, nos deben de escuchar ahorita, porque si no es ahora no es nunca.

Èchenle ganas muchachos, sigan estudiando, síganse preparando porque sabemos perfectamente que al gobierno le convenimos que seamos unos ignorantes, que seamos unos retrasados, por eso ellos avalan y protegen a los delincuentes, por eso protegen a los vendedores de drogas ¿por qué? Porque quieren a los muchachos tontos, siempre los quieren bobos ahí durmiendo, drogados. No muchachos, pónganse las pilas, vamos a demostrar que nosotros somos inteligentes y que nosotros podemos.

Por favor muchachos estudien, vamos a luchar y vamos a defender a nuestro estado, no lo vamos a dejar, no lo vamos a dejar en manos de buitres como es esta gente que esta apoderado, que ahorita tiene el poder y que ha hecho de nosotros lo que ha querido, qué ha habido asesinatos. Mírenme a mí fabricándome unos delitos que ellos saben perfectamente que no es verdad. Ellos tienen un testigo que dice que fui secuestradora, sin embargo no aceptan mis testigos que son miles, que yo no fui ninguna secuestradora, ninguna delincuente. ¿Por qué no aceptan mis testigos? Un pueblo completo es testigo de que yo no soy una delincuente y que ha luchado por mí y más sin embargo al gobernador no le interesa esto, al gobernador no le interesa lo que el pueblo dice, simplemente se aferra a que yo soy una delincuente y eso es mentira, y ese es el abuso de poder compañeros. Ese es el abuso de autoridad, porque han abusado, gente corrupta. Jueces que ni siquiera han contestado a los papeles que ha metido mi abogado, ni siquiera me han contestado nada, no me han dado resoluciones, simplemente se han callado, ¿por qué? Porque todos están mezclados en lo mismo, porque todos son iguales de corruptos, porque yo no debería de estar aquí, yo ya debería de estar afuera, más sin embargo por su poder aquí me tienen.

Pero compañeros un abrazo y estoy con ustedes en oración, estoy con ustedes en oración y por favor al pueblo entero le pido únanse a los muchachos de Ayotzinapan. No los dejen solos en estos momentos, que hagan los que quieren hacer con ellos por favor, ellos siempre han sido pacíficos nunca han metido armas, nunca han metido armas como para que los maten así y los desaparezcan ¡no se vale!

Pero bueno compañeros, estoy con ustedes y siempre voy a estar con ustedes en mi pensamiento. Quisiera estar con ustedes allá para esta lucha, para ir al frente de esta lucha y defendernos compañeros todos juntos pero bueno, con mis oraciones los ayudo yo desde aquí y estoy siempre con ustedes y ya saben. me detuvieron, el día que me detuvieron era porque yol iba en ayuda de los compañeros de Tlatauquitepec, pero bueno compañeros esa era la suerte y lo que tenía el gobierno preparado para mí, pero aquí estoy con ustedes y por favor no se achicopalen, no se asusten. La lucha es esta y vamos para adelante.

Compañeros del Politécnico, un saludo desde aquí de Nestora Salgado. Por favor muchísimas gracias por el apoyo que les han dado a los compañeros de Ayotzinapan. Les mando un saludo, a lo mejor saben de mí, pero bueno, aquí estoy, algún día a lo mejor estaremos en alguna lucha junta.

Muchísimas gracias por este apoyo y sigan apoyándolos, no los dejen solos. Y para darles ánimos, que sigan preparándose, que sigan estudiando. Y bueno compañeros muchísimas gracias, que dios los bendiga desde aquí de donde estoy un abrazo muy fuerte.
Nestora Salgado García, presa política. Miembro de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias-Policía Comunitaria.

domingo, 5 de octubre de 2014

COMUNICADO DEL PDPR - EPR

COMUNICADO DEL PDPR - EPR

AL PUEBLO DE MÉXICO

A LOS PUEBLOS DEL MUNDO

A LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN NACIONALES E INTERNACIONALES

A LOS ORGANISMOS NO GUBERNAMENTALES DEFENSORES DE LOS DERECHOS HUMANOS NACIONALES E INTERNACIONALES

A LAS ORGANIZACIONES POLÍTICAS, POPULARES Y REVOLUCIONARIAS

A LOS ESTUDIANTES NORMALISTAS Y UNIVERSITARIOS

A TODAS LAS VÍCTIMAS DEL TERRORISMO DE ESTADO

¡HERMANOS, HERMANAS, CAMARADAS!

La represión generalizada en nuestro país es parte del terrorismo de Estado. Una muestra contundente de la barbarie de esta política es lo que sucede en el estado de Guerrero contra nuestra juventud inerme y con esperanzas de un cambio, nuestro pueblo en su conjunto, no importa al sector al que pertenezcamos, todos debemos exigir justicia, el castigo a los criminales de Estado y el cese de esta política de terror.

El Estado mexicano se ha cebado actualmente con el pueblo de guerrero y sobre todo con su juventud y los luchadores sociales, como se cebó con el pueblo de Atenco. No se puede tratar de "hechos violentos", ni de "enfrentamientos", ni de "fuego cruzado" o de "agresiones de los manifestantes a los policías", como lo han dado a entender voceros del Estado y algunos medios de comunicación, sino de una política criminal de un estado policíaco militar.
Lo sucedido el viernes 26 de septiembre contra los normalistas de Ayotzinapan constituye una masacre, es decir, un crimen de Estado planificado por el mando único policiaco-militar, el cual coordina la agresión permanente contra el pueblo.

Los normalistas de Ayotzinapan, cuando de manera pacífica realizaban volanteo y colecta, son reprimidos con toda saña ordenada por los mandos superiores de la cúpula gubernamental estatal y federal, por lo tanto, es una gran mentira que se haya tratado de un enfrentamiento producto de la violencia de estos jóvenes inermes contra la policía municipal.

Los estudiantes de la escuela Normal Rural Isidro Burgos, han sido criminalizados sin descanso desde las instituciones gubernamentales como parte de la política del terrorismo de Estado, como consigna política la han retomado medios de comunicación serviles, voceros oficiosos y plumas mercenarias, políticos de oficio profascistas, individuos de toda laya que comulgan con las posiciones reaccionarias.

Los 43 normalistas que permanecen en desaparición forzada están siendo torturados en los cuarteles de la policía federal, instalaciones del ejército y la marina como sucedió en la represión del 28 de abril y el 15 de octubre de 2012 en Michoacán, cuando los mantuvieron desaparecidos temporalmente en las instalaciones de la academia de policía donde fueron también brutalmente torturados.

Constituye una cínica burla la declaración del gobierno estatal al afirmar que se "abocará" a su localización, porque es de todos sabido y existen evidencias fehacientes de que fue la fuerza policíaco-paramilitar quien se los llevó, operativo realizado coordinadamente entre policía municipal, estatal, federal, ejército, marina y paramilitares. Los misteriosos "civiles armados y encapuchados" que perpetraron parte de esta masacre en realidad son elementos activos de las fuerzas policiaco-militares realizando acciones de paramilitarismo.

Es grotesco sostener la tesis de la infiltración del crimen organizado para endosar este crimen de lesa humanidad a la "delincuencia organizada", dicha afirmación constituye una burda maniobra política para diluir la responsabilidad del Estado y garantizar impunidad a los criminales materiales e intelectuales. Especulaciones dolosas promovidas por el Estado mexicano y difundidas perversamente por "sesudos analistas" y funcionarios públicos.

La tesis del estado fallido independientemente de su modalidad con la que se pretende "justificar" la supuesta violencia generalizada, por la "delincuencia organizada" y el narcotráfico se encuentra circunscrita dentro de la doctrina de la guerra contrainsurgente dictada desde el imperialismo norteamericano.

La masacre de Iguala es la expresión fiel del grado de terrorismo de Estado con el cual se trata de imponer de forma incuestionable la criminalización de la protesta popular, bajo la mascarada e instrumento jurídico de "regular" marchas, plantones y la protesta popular, para evitar que "actos violentos" como los ocurridos en Ayotzinapan vuelvan a suceder.

La detención de 22 policías municipales no garantiza justicia para nuestro pueblo, por el contrario es una maniobra recurrente para administrar y prolongar la impunidad, porque enseguida salen libres, como es el caso de los policías federales que asesinaron, el 12 de diciembre de 2011, a dos normalistas también de Ayotzinapan, esos criminales hoy gozan de libertad y completa impunidad.

En los últimos decenios la juventud ha sido víctima del intento de la más aguda mediatización sin que se haya logrado, tenemos el ejemplo de todos esos jóvenes que siguen en prisión desde el primero de diciembre de 2012 que fueron torturados, vejados y violados sus derechos humanos, que a pesar del esfuerzo de quienes pidieron su libertad, también fueron reprimidos y aún continúan en las mazmorras de este gobierno.

Con indignación y razón se levantan los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional (IPN), porque se les respeten sus derechos, en el fondo constituye la resistencia contra la reforma educativa neoliberal, que en los avances de su imposición está reduciendo el contenido científico de la educación, empujando a la tecnificación y privatización de ésta para construir un sujeto dócil y presa fácil para la explotación por las compañías nacionales y extranjeras a las cuales el Estado mexicano les ha facilitado el saqueo de las riquezas nacionales.

Compañeros, de 1968 a 1971 el Estado se ensañó con la juventud asesinándola. Son 46 años que nuestra juventud ha sido masacrada, y casi después de medio siglo el gobierno priísta lo sigue haciendo, recordemos que el 68 fue la continuidad de la represión de 1956-58 ejercida contra ferrocarrileros, médicos y maestros.

En 1963 el Estado cometió el asesinato de Rubén Jaramillo y su familia; en 1965, el 23 de septiembre asesinó a los jóvenes que asaltaron militarmente el cuartel Madera en Chihuahua, precedentes históricos para que un conjunto de jóvenes, antes y después de 1968, con su ingenuidad unos y otros conscientes pero ambos congruentes, crearan grupos de guerrilleros revolucionarios, convencidos de que se podía perder la vida por un cambio en el país a favor del pueblo.
Muchos jóvenes derramaron su sangre en pos de la libertad, siempre los recordaremos porque son parte de esta lucha histórica, que hoy en las condiciones en que actúa el Estado, no dudamos que ante una acción del mismo exista una reacción popular combativa. Los intentos del Estado como siempre son perversos, no confíen en este gobierno represivo.

Conmemorar el dos de octubre no sólo es recordar, es retomar la experiencia que genera un Estado totalitario utilizando el terrorismo. Hemos sido parte de todas estas luchas y seguiremos siendo parte de todos aquellos que hoy, aunque piensen de distinta manera y desde distintas trincheras, coadyuvamos intentando cambiar este país para lograr un gobierno libertario.

En consecuencia, el PDPR-EPR recordamos el dos de octubre, no separados de las masas, de las luchas populares, sino con nuestros modestos esfuerzos ¡Estamos presentes! ¡Dos de octubre no se olvida, se recuerda y en el combate estamos!

Desde nuestra trinchera de la crítica de las armas, rendimos un homenaje a todos aquellos que sobrevivieron a esta represión, que congruentemente siguieron una vida y continuaron peleando por la liberación de nuestro pueblo. Es el caso del luchador social Raúl Álvarez Garín, con quien en un momento histórico perteneciendo a la revista Punto Crítico tuvimos profundas divergencias, porque algunos individuos que pertenecían a ella nos vilipendiaron, nos acusaron de terroristas e intentaron obstaculizar nuestra relación con las masas, sin embargo, es un honor recordar a este luchador social quién después, producto de una reflexión personal se solidarizó con todas las luchas del pueblo sin importar cuáles fueran las siglas, con los más necesitados, con las nuevas generaciones que luchan por el respeto de los derechos humanos, por la presentación de los detenidos-desaparecidos, por la libertad de los presos políticos y contra la represión de un Estado totalitario.

Los jóvenes de hoy, no olvidemos a Raúl Álvarez Garín, porque hay ejemplos contemporáneos de heroicidad de muchos luchadores sociales. No perdamos la memoria histórica porque eso nos desmoviliza, no seamos presas del terrorismo de Estado.

Nuevamente una masacre más por los militares, que no pudieron ocultar el asesinato de otros jóvenes en Tlatlaya, Estado de México, fuesen lo que fuesen, también fueron ejecutados de manera extrajudicial como pretenden hacerlo con los 43 normalistas detenidos-desaparecidos.

Probado está que el ejército mexicano es dirigido por psicópatas que han dado la orden para el cometido de crímenes de lesa humanidad, porque en anteriores comunicados decíamos, la policía y el ejército no van a aprehender sino a asesinar, estos asesinatos son una prueba irrefutable.

Los jóvenes por el solo hecho de serlo están siendo asesinados y/o obligados por el ejército o sus paramilitares a enrolarse en sus filas, están haciendo una leva de jóvenes para que participen en este tipo de asesinatos como parte de las autodefensas paramilitares degradándolos como seres humanos. Y si no es así, los asesinados o encarcelados son quienes rechazan ser parte de estas fuerzas.

Hoy como es costumbre y tradición de un PRI-gobierno asesino, dicen condenar a tres militares, pero no revelan que grado tienen los que se configuran como chivos expiatorios, y sin importar el grado también son víctimas -aunque no son justificables sus hechos- de la cadena de mando que llega al generalato de la zona militar hasta el presidente como jefe supremo de las fuerzas armadas.

Ante la violencia generalizada contra el pueblo, ante el terrorismo de Estado y ante la acción criminal de las fuerzas policiaco-militar-paramilitar:

Todas las familias de las víctimas de la política terrorista de Estado debemos unirnos a los demás familiares de todas las víctimas, que por una u otra razón, han sido asesinadas o aquellos que han sido detenido-desaparecidos. ¡Ni una lucha aislada más!

Todos debemos unirnos, cada cual en su trinchera y forma de lucha, en la exigencia de la presentación con vida de los normalistas detenidos-desaparecidos, juicio y castigo de los responsables materiales e intelectuales, así como el alto a los crímenes contra el pueblo.

Al terrorismo de Estado se le enfrenta con la unidad popular, constituye una necesidad la generalización en el plano nacional de las acciones políticas de masas, la acción popular combativa, la acción múltiple de solidaridad en todo el país y la estructuración de la autodefensa del pueblo para que se ejerza la justicia popular.

¡HERMANOS, HERMANAS, CAMARADAS! No es tiempo de miedo, éste y la impotencia deben transformarse en resistencia popular combativa.

¡A SEGUIR EXIGIENDO LA PRESENTACION CON VIDA DE TODOS LOS DETENIDOS
DESAPARECIDOS DE AYER Y HOY!
¡A EXIGIR LA LIBERTAD DE TODOS LOS PRESOS POLITICOS!
¡A CERRAR FILAS CONTRA EL TERRORISMO DE ESTADO!
¡POR LA REVOLUCION SOCIALISTA!
¡VENCER O MORIR!
¡POR NUESTROS CAMARADAS PROLETARIOS!
¡RESUELTOS A VENCER!
¡CON LA GUERRA POPULAR!
¡EL EPR TRIUNFARA!

COMITÉ CENTRAL
DEL
PARTIDO DEMOCRATICO POPULAR REVOLUCIONARIO
PDPR
COMANDANCIA GENERAL
DEL
EJERCITO POPULAR REVOLUCIONARIO
CG-EPR

República mexicana, a 30 de septiembre de 2014.

Guerrero: nadie duda de que una bomba de relojería se ha puesto en marcha.


 El hallazgo de seis fosas clandestinas con cadáveres en las afueras de Iguala (Guerrero) ha encendido todas las alarmas. En este municipio de 131.000 habitantes, donde impera la ley del narco, se desató el último viernes de septiembre un estallido de violencia policial contra un grupo de estudiantes de magisterio (normalistas) que acabó con seis muertos, 17 heridos y unos 40 desaparecidos. La posibilidad de que los cuerpos, localizados en la partida de Pueblo Viejo, correspondan a estos estudiantes pesa en la mente de las autoridades y de todo el país, pero, de momento, ni la Procuraduría ni ningún organismo oficial han confirmado esta hipótesis. Las tareas de rescate de los cadáveres son incipientes y aún se desconoce su número exacto. “Para determinar su identidad, tenemos que hacer las pruebas genéticas”, señaló el procurador estatal Iñaky Blanco.

El descubrimiento desencadena ataques con cócteles molotov a la casa del Gobernador
El descubrimiento de las fosas ha sido un golpe para padres y compañeros de los desaparecidos. Los intentos para calmarles apenas han servido. La casa del gobernador, Ángel Aguirre, cuyo papel es cada vez más cuestionado, fue atacado por la noche con cócteles molotov. Todas las escuelas normales rurales de México se declararon en huelga en solidaridad con sus compañeros de Ayotzinapa. El temor a que los normalistas, un grupo estudiantil de extracción campesina, muy organizado y tradicional semillero de guerrilleros, desencadenen una ola de violencia mayor llevó al gobernador a pedir públicamente tranquilidad: “Hago un llamado a mantener la concordia y evitar por todos los cauces la violencia, hoy como nunca se requiere de la unidad de todos, sería lamentable que alguien sacara provecho político”.

El destino de los desaparecidos en Iguala se ha convertido en una incógnita de magnitud nacional. La salvaje violencia policial ejercida contra los normalistas por apoderarse de tres autobuses y la intervención de sicarios junto a agentes municipales han destapado la descomposición de Guerrero. Con casi tres millones y medio de habitantes, es el estado con la mayor tasa de homicidios de México y campo de batalla de cuatro organizaciones criminales. En el caso de Iguala, el control está en manos de Guerreros Unidos, una sanguinaria organización surgida de las cenizas del cartel de Arturo Beltrán Leyva, el Jefe de Jefes.

La detención de 22 policías municipales por su implicación en las muertes no ha frenado el escándalo. El alcalde de Iguala, José Luis Abarca, acusado de estar conectado con el narcotráfico, se ha dado a la fuga en pleno escándalo sin que ninguna autoridad fuera capaz de ponerle las manos encima. Su secretario de Seguridad, el jefe de los agentes que dispararon a los estudiantes, ha emprendido el mismo camino. Las investigaciones han determinado que muchos policías detenidos formaban parte de los Guerreros Unidos. Y, aunque algunos sicarios (halcones y gatilleros) han sido detenidos, ningún cabecilla ha caído en manos de la policía.

La dimensión del caso ha llevado a la Procuraduría General de la República, un organismo que depende del presidente, a tomar las riendas de las investigaciones. El país sigue expectante el resultado de las indagaciones. Nadie duda de que una bomba de relojería se ha puesto en marcha.

sábado, 4 de octubre de 2014

#YoSoy26. No, no es broma; es neta. Los militares se quejan y organizan una marcha.

Por primera vez en la historia de México un grupo de militares en activo y retirados convocaron en redes sociales a una marcha el próximo 11 de octubre desde el Zócalo capitalino hacia la Residencia Oficial de Los Pinos en apoyo a los soldados detenidos por el caso Tlatlaya.
 
La convocatoria realizada a través de Facebook y twitter no es avalada por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y a los militares convocantes, incluso retirados, o que asistan se les puede aplicar el Código de Justicia Militar por insubordinación.

A la campaña iniciada en redes sociales se han sumado las esposas de los militares que reproducen la convocatoria en la cual culpan de traición tanto al Presidente de la Republica como comandante Supremo de las Fuerzas Armadas como al general Salvador Cienfuegos, secretario de la Defensa.

"La tropa está abandonada a su suerte por quienes se supone deberían protegerlos. Ahora nuestros soldados están indefensos, están abandonados y han sido catalogados como criminales que deben dejarse matar, se les prohíbe defenderse de los ataques bajo pena de degradación y cárcel", señala la convocatoria.

Mediante el “hastag” #Yosoy26 militares y marinos, algunos con fotografías en su perfil portando el uniforme de campaña, están difundiendo comentarios a favor de la marcha convocada, o solo la están retwitteando.

La mayoría de los comentarios de la población civil, a favor, señalan que en el combate al narcotráfico los militares arriesgan su vida y ahora piden apoyo, mientras que gran parte de los comentarios en contra afirman que solo están pidiendo permiso para matar.

Militares que intercambian comentarios afirman que ellos cumplen con órdenes y siempre tienen a superiores que les indican qué hacer, en tanto que otros recuerdan que en, caso de participar en la marcha, estarán sujetos a proceso por insubordinación.

viernes, 3 de octubre de 2014

¿ESTÁ SEGURA QUE QUIERE VERLO?

Marissa Mendoza se enteró en las redes sociales que su esposo había muerto en el ataque contra los normalistas en Iguala; viajó a Guerrero con la esperanza de que no fuera él

Ciudad de México
Marissa estaba desesperada. Aún tenía fe en que el cuerpo que estaba a punto de ver no fuera el de su esposo, Julio César Mondragón. Antes de pasar al anfiteatro del Servicio Médico Forense de Chilpancingo la detuvieron: ¿está segura que quiere pasar?

Los forenses repetían la pregunta porque lo que le había pasado a Julio César era terrible. "¿Está segura que quiere verlo?", "tiene que ser muy fuerte", insistían.

"Pues... pasé", dice Marissa Mendoza. La esposa del normalista apenas podía contener el dolor que le rompía la voz. "Jamás nos dijeron que Julio César había sido encontrado así, en ese estado....fue desollado".

La única explicación que ella encuentra es la tortura.

Era sábado en la mañana cuando Marissa, de 24 años, escuchó el nombre de su esposo en los noticieros. Julio César Mondragón era uno de los estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa muerto en una balacera en Iguala. Marissa estaba en la ciudad de México.

No había hablado con su esposo en varios días porque había perdido su teléfono celular. Intentó hablar con sus compañeros normalistas, pero nadie le decía nada, así que el domingo viajó a la Normal de Ayotzinapan.

Julio César, de 22 años, se fue a vivir a la Normal a mediados de julio, un mes antes de que naciera su hija, Melissa. "Estaba allá para superarse, para que cuando saliera, me prometió, iba a comprar un piso para que viviéramos juntos, viviéramos con nuestra hija".

"Era un hombre extraordinario, el mejor de todos, era muy cariñoso, detallista, era muy atento conmigo", cuenta.

Aunque sólo gozó a su hija dos meses, Julio César siempre fue un padre cariñoso. "Cuando estaba embarazada, le daba muchos besitos a mi vientre, me abrazaba. Deseábamos tanto que ya naciera para que estuviéramos con ella", cuenta Marissa.

La joven conoció a Julio César durante un baile en el pueblito mexiquense de San Miguel Tecomatlán, donde él vivía. Después de esa noche no volvieron a hablar. Ella vivía en el DF y él allá.

"Después nos contactamos por Facebook. Empezamos a platicar. Estuvimos así, que será, uno o dos meses, en contacto por Facebook. Después decidimos rencontrarnos personalmente, y él vino al Distrito", cuenta.

Fue en Facebook donde Marissa vio por primera vez el cadáver de su esposo, el sábado 27. "En el Internet, en Facebook, subieron varias fotografías, entre ellas, pues la de Julio César. Entonces, como yo conozco su ropa, conozco parte de su cuerpo y todo, descubrí que era él".

Al llegar a la Normal de Ayotzinapa, los estudiantes que viajaban en el camión con su esposo le contaron lo que había pasado durante la balacera."Me dijeron que fueron a una actividad y que ya venían de regreso cuando los interceptaron unas patrullas. Y que los chavos se bajaron amablemente diciéndoles que por favor les permitieran el paso, entonces los policías comenzaron a dispararles. Sin ninguna razón".

Los mismos compañeros de Julio César le recomendaron a Marissa que fuera al Semefo a reconocer el cuerpo de su esposo.
 
"SENTÍ MUCHA TRISTEZA DE QUE YA NO VOLVERÍA A VER A JULIO CÉSAR Y SE ME VINIERON MUCHAS IMÁGENES, ASÍ COMO SI YO HUBIERA ESTADO CON ÉL EN EL MOMENTO EN QUE LE HICIERON ESO, DE QUE LE QUITARON LA CARA COMPLETA, VIVO, TORTURÁNDOLO DE LA MANERA MÁS CRUEL, PORQUE NI SIQUIERA TENÍA IMPACTO DE BALA, SOLAMENTE TENÍA MUCHOS GOLPES, EN LA PARTE DEL PECHO, LA CINTURA, LA MANOS",dijo.

La policía de Chilpancingo le dijo que habían encontrado el cuerpo de Julio César "en la zona industrial (de Iguala), cerca de Pemex", que "ya estaba la denuncia y que todos los policías estaban arraigados. Y que no están laborando, ninguno, en Iguala, y que iban a estar investigando".

Marissa no sabe quién mató a su esposo ni por qué ni cuándo dejará de quemarle el pecho el dolor de haberlo perdido. Ahora sólo le queda su pequeña hija de dos meses, Melissa, que tiene la cara de Julio César. Ella es "él único recuerdo que tengo de él".